El galimatías europeo

Tienen razón quienes consideran que una de las mayores dificultades para que la Eurozona salga de su actual crisis es la falta de claridad de ideas entre los diversos estamentos de la UE a la hora de enfrentarse a los problemas. En el asunto de las compras de deuda por parte del Banco Central Europeo (BCE) existe una clara falta de sintonía entre los principales rectores de las políticas comunitarias.

El asunto tiene su importancia porque si de lo que se trata de resolver en estos momentos es el problema español, la falta de acuerdo a la hora de hacerlo está poniendo en peligro al conjunto de la arquitectura comunitaria y a la supervivencia del euro. No hay una doctrina clara sobre cómo la UE debe afrontar las dificultades de un Estado miembro y este problema se ha convertido en cuestión central de la Eurozona en los últimos años. En poco tiempo, la Eurozona ha debido afrontar como propias las dificultades de países como Irlanda, Portugal y Grecia, a los que se han sumado más recientemente España e Italia. Lo de Grecia es un atasco monumental, en torno al cual ya se está pensando que es más barato asumir su salida del euro y su quiebra total que realizar esfuerzos ciclópeos para salvar al país de la ruina y pagar todas sus deudas, sin garantías de que a la vuelta de unos meses se haga necesario seguir abonando nuevas facturas.

En el caso de Italia y de España, sobre todo de España, está claro que la dimensión del problema es bastante superior y que sólo por este hecho, el asunto adquiere una importancia radicalmente diferente. No se trata sólo de que hay que poner más dinero desde la UE sino de que hay que actuar de forma más sofisticada, manejando instrumentos de difícil gestión.

En esta discusión nos encontramos estos días, en los que Gobierno alemán, Gobierno español, BCE, Bruselas y Bundesbank, cinco actores en presencia, consideran que emplear la capacidad del BCE para comprar deuda española e italiana debe ser contemplada desde ángulos muy diferentes. Desde la posición extrema del Gobierno español (las compras de duda española por el BCE deben ser masivas y contundentes, como defiende con vehemencia el titular español de Economía) hasta la actitud beligerante del máximo responsable del Bundesbank (banco central alemán), que dice que las compras de deuda de un Estado miembro pueden crear problemas muy serios a la estabilidad futura del sistema, además de crear “adicción”, como ha declarado su presidente este domingo), las divergencias dan cobijo a todo tipo de matices y tomas de posición.

Es más, en casos como el del Gobierno alemán (sometido indudablemente a presiones de diverso signo por motivos políticos internos), las posiciones son cambiantes según el momento. Angela Merkel, de quien se supone que ejerce un liderazgo europeo sin discusión, al dirigir el país más poderoso de la Eurozona, ha dicho respecto a este asunto cosas distintas en las últimas semanas comprendidas dentro de un amplio abanico de posibilidades, que llegan incluso a bordear la contradicción.

Este galimatías interno de la UE explica, para desgracia española, los erráticos movimientos de los mercados que luego se traducen en subidas espectaculares del coste de emisión de la deuda pública. La indecisión europea nos está costando a los españoles mucho más dinero del que nos habría dejado en posición de resolver un problema que a veces es sólo nuestro, a veces del conjunto de la UE y a veces incluso llega a trascender del ámbito comunitario. Últimamente, los que creen que se trata de un problema del más amplio espectro son los más numerosos, de manera que sería conveniente sentar cuanto antes una doctrina de actuación frente a las crisis y aplicarla con la urgencia que los casos puedan merecer en cada momento.