Un Reino de Taifas

En vísperas del esperado jueves de los milagros (mañana, 2 de agosto), fecha señalada en el calendario para que el BCE haga pública la receta definitiva contra la crisis, a Mariano Rajoy se le han sublevado las autoridades regionales. Los variopintos representantes del Reino de Taifas no están de acuerdo con el reparto de los recortes del déficit para los tres próximos años, que Cristóbal Montoro les ha propuesto este martes en la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera, órgano en el que se discuten las grandes cifras presupuestarias y económicas en su vertiente regional.

Montoro ha puesto sobre la mesa un porcentaje a repartir “a escote” del 16% del PIB en conjunto, lo que se traduce en un déficit máximo ligeramente inferior al 1% para cada uno de los territorios autonómicos. En la práctica es una importante vuelta de tuerca a los presupuestos regionales, ya de por sí bastante agobiados, pero a los que se les exige una duplicación del esfuerzo realizado hasta la fecha. Los recortes tendrán que hacerse sobre todo en los ámbitos de la sanidad y la educación, que son las áreas de gestión pública que están transferidas a las entidades regionales en casi su totalidad. A pesar de los objetivos propuestos para el año 2012 (1,5% del PIB como límite del déficit de cada Autonomía), en la práctica los gastos de los territorios se han disparado y van a exigir en lo que queda de año un notable esfuerzo de contención adicional para cumplir el objetivo comprometido con Bruselas para el conjunto de la economía española.

La sublevación ha sido amplia y no puede ser ignorada ni dejada de lado, ya que muestra el lado más oscuro del Estado de las Autonomías cuando se trata de repartir ingresos y gastos entre los distintos poderes regionales. El Consejo de Política Fiscal se está erigiendo en la práctica como una tercera cámara, con poderes políticos considerables y una notable capacidad de intimidación al Ejecutivo. Para quienes abogan por la desaparición del Senado, por su teórica inutilidad, resulta que ahora nos ha salido un tercer poder que es capaz de paralizar y condicionar las decisiones del Ejecutivo, a pesar de que este cuenta con mayoría absoluta parlamentaria.

Asturias y Canarias han votado en contra de la propuesta del Ministerio de Hacienda, mientras Andalucía ha abandonado la reunión en señal de abierta disconformidad y Cataluña envió horas antes del cónclave una carta de su consejero de Economía diciendo que ni siquiera haría acto de presencia en la reunión, al no estar de acuerdo con las directrices básicas que ya se habían anunciado. Otras dos Autonomías, País Vasco y Navarra, tienen régimen fiscal propio, foral, por lo que han dicho desde el principio que este reparto de responsabilidades presupuestarias no les afecta.

En total, seis Autonomías de las 15 que hay en España más dos ciudades con rango similar se han propuesto condicionar la fijación de los objetivos de déficit y en particular el reparto de cargas a la hora de afrontar el límite del déficit público del conjunto del Estado español. El Gobierno se ha tenido que conformar en esta nueva reunión de los representantes autonómicos con la aquiescencia de las Autonomías gobernadas por el PP, que ya el lunes habían adoptado una posición común, por encima de algunas discrepancias manifiestas, durante la reunión que mantuvieron con el líder del PP, Mariano Rajoy.

La abierta discrepancia entre las Autonomías y el Ejecutivo tiene un marcado carácter de inoportunidad, dado que muestra la dificultad que tiene el Gobierno español para acordar políticas y objetivos con la UE, lo que resulta especialmente inconveniente en vísperas de las medidas de apoyo que el BCE se dispone a arbitrar para apoyar a los países en dificultades, el más importante de los cuales es España en función del grado de deterioro de su economía y de sus cuentas públicas. La rebelión interna en el Consejo de Política Fiscal abona por otro lado la necesidad de llevar a cabo un replanteamiento a fondo del Estado de las Autonomías o, cuando menos, de las transferencias realizadas. De otro modo, España puede ser un buen ejemplo del corredor pegándose tiros en los pies.