Sólo con declaraciones no se arregla el problema de fondo

La relajación que han vivido los mercados a partir del mediodía, con el apoyo de la declaración de Mario Draghi (apenas una declaración de buenas intenciones, de momento sin medidas que la secunden), podría hacernos caer en la tentación de suponer que la crisis se está resolviendo. Por desgracia, nada más lejos, ya que ni los problemas de los países periféricos se resuelven con meras declaraciones ni la profundidad de los mismos puede ser ignorada, aunque el hecho de que se estén paseando por el borde del precipicio desde hace unas semanas es una buena forma de recordar que se necesitarán dos o tres años de esfuerzos para resolver el problema de fondo que aqueja a los países del sur europeo, la falta de una estrategia fiscal y presupuestaria responsable y enfocada al equilibrio.

La intervención de Draghi este jueves, todo hay que decirlo, le viene de perlas a los italianos, que afrontan en el mes de agosto un calendario de vencimientos tremendo, con más de 30.000 millones de euros de amortizaciones de deuda pública en diversos tramos que habrán de amortizar recurriendo, como no, a nuevas emisiones, pero con costes o tipos de interés actualizados. O sea, más altos. Ya se ha visto este jueves, en el que el Tesoro italiano ha emitido bonos a dos años de plazo a los tipos más altos desde la fundación del euro, casi un 5%. Pero es apenas un aperitivo de lo que espera al Tesoro italiano y al tecnócrata Monti antes de llegar a fin de año, periodo en el que tendrá que decidir si opta a un nuevo periodo de presidencia en Italia o deja el campo despejado para que vuelvan los partidos tradicionales, con el incombustible Berlusconi al frente de sus tropas.

La comentada alianza italo española o hispano italiana, va a tener que funcionar a tope en los próximos meses. Pero sin perder de vista que ambos países afrontan consolidaciones fiscales de alcance histórico, que no han hecho más que empezar, sobre todo en el caso español, que tiene por delante una tarea previa, la de alcanzar algún grado de apaciguamiento y acuerdo interno, con las autoridades regionales. Está cada vez más extendida la sensación de que las Autonomías no están afrontando la resolución de sus deberes en materia fiscal, que sus presupuestos siguen muy alejados de esa obligada búsqueda de déficits ajustados a equilibrios cada vez más precisos, de momento en el 1,5% del PIB, pero en un futuro no muy lejano más estrecho aún, tendiendo al equilibrio. No está nada claro que Rajoy logre domesticar el gasto público nacional.

Las actuales convulsiones que viven las relaciones con los entes autonómicos están poniendo de relieve la falta de autoridad y de instrumentos para alcanzar esos objetivos de rigor presupuestario cuando las propias autoridades autonómicas se resisten a ello. Desde este punto de vista, parece inconcebible la actitud de los nacionalistas catalanes de forzar el debate del pacto fiscal, de la autonomía fiscal, justo ahora, cuando mayores son sus debilidades financieras. Si España en conjunto está mal, casi al borde del rescate, la Hacienda catalana estaría en una situación bastante similar a la de Grecia.

Esta sensación de descontrol interno, de falta de disciplina en el recorte de los déficits, está bastante extendida en los mercados y es lo que pondrá, bastante alto desde luego, a la prima de riesgo, cuya bajada desde los 560 puntos actuales se presenta complicada. Cabe la posibilidad de que en el mes de agosto Italia tome el relevo de España como país problema, debido a sus fuertes necesidades de financiación. En grandes cifras, Italia tiene que refinanciar antes de finales de año más de 180.000 millones de euros frente a una cifra posiblemente no superior a los 70.000 millones de euros de España. Es una diferencia significativa. Más aún porque las cifras de agosto son bastante altas en el caso de Italia y de bastante escasa consideración en el caso español, que ya ha refinanciado en torno al 70% de sus necesidades.