Telefónica, síntoma y respuesta

Desde que empezó  el relato de las malas noticias de esta crisis, la suspensión del dividendo de Telefónica es posiblemente la peor, la de más alcance económico, empresarial e incluso social.  En torno a Telefónica se ha construido, desde los años 60, todo un edificio de capitalismo popular que en la actualidad engloba un colectivo de 1,6 millones de  accionistas. No cabe duda de que se trata de una decisión de gran impacto social, ya que los 6.500 millones de euros de dividendo que potencialmente podría haber distribuido la compañía con cargo al ejercicio de 2012 representan un duro varapalo para este colectivo. No obstante, no es el único a considerar, ya que instituciones importantes, como La Caixa y BBVA,  salen también dañadas en su cuenta de resultados, y tendrán que resignarse a unos 500 millones menos de ingresos vía dividendos en los próximos meses cada una de ellas.

Por no hablar del equipo directivo y del Consejo, cuyos integrantes van a sufrir un tajo considerable en su remuneración, entre el 20% y el 30%, aunque sus rentas sean considerablemente mayores que las de los cientos de miles de accionistas de la compañía que  cada año cuadran sus cuentas con el dividendo de las famosas “matildes”. Quizás nos encontremos, por la distribución de las cargas de la crisis y por la oportunidad de la medida en sí,  ante un precedente que en el Ibex 35 puede crear escuela como mecanismo defensivo ante la crisis económica y financiera y sobre todo ante la incertidumbre del momento.

Y menos mal que Telefónica es una empresa sólo relativamente vulnerable a la crisis  económica  española en la medida en que tan sólo el 25% de sus ingresos proceden del mercado español (otro 50% está en Latinoamérica y otro 25% en el resto de Europa). En términos de beneficio de explotación, el 70% procede de sus operaciones exteriores y en torno a un 31% de España.  La acertada expansión internacional y el peso mayoritario de su negocio en los crecientes mercados emergentes hacen de esta empresa, la  principal compañía española junto al Santander, un caso bastante atípico pero al mismo tiempo bastante blindado frente a la  penuria que nos rodea.

La suspensión del dividendo de Telefónica es, por lo tanto, una auténtica conmoción social, aunque no carece de precedentes. Ya  a finales de los años 90, la operadora estuvo nada menos que tres ejercicios sin pagar dividendo, aunque remuneraba a sus accionistas con acciones liberadas  mediante ampliaciones de capital, una política que no convenció a los accionistas de la época.

Ahora, la suspensión del dividendo tiene otras características, ya que afecta a un ejercicio (el de 2012, ya que para 2013 está anunciado el retorno al dividendo, aunque con un 50% de rebaja, es decir, 0,75 euros por acción) y los importes que los accionistas de la compañía han estado recibiendo en los últimos ejercicios (algunos de ellos considerados elevados por los analistas, que recomendaron en algún caso su reducción) son de auténtico récord. En el año 2011 cobraron  1,60 euros por acción, el máximo pagado por esta sociedad. En el ejercicio de 2010, el importe fue de 1,40 euros por acción.  La decisión de recorte del  dividendo se produce en unos momentos en los que la rentabilidad por dividendo de Telefónica se encuentra en torno al 15%, nivel verdaderamente insostenible y que nadie en su sano juicio podía suponer que se prolongaría en el tiempo, sobre todo con la que está cayendo.

El impacto de la decisión en las cuentas de Telefónica va a ser considerable, ya que se estima que en los doce próximos meses la empresa dispondrá de unos 6.500 millones de euros para atender a sus vencimientos y a su normal funcionamiento sin que la crisis afecte de manera sustancial al negocio. De acuerdo con las últimas informaciones que ha facilitado la compañía, el calendario de vencimientos estaba cubierto para este año y  se encontraba bastante avanzado en lo que atañe al año 2013. La suspensión del dividendo tendría que facilitar un mejor flujo de recursos. Telefónica tiene una deuda neta del orden de los  58.300 millones de euros en la actualidad, menos de tres veces su resultado de explotación.  Parecen cifras manejables y más aún sin dividendo.