Las cajas, sin obra social

La crisis de las cajas de ahorros va a tener, lo está teniendo ya de hecho, efectos colaterales perniciosos para el denominado gasto social. Las cajas han desempeñado a lo largo de su historia un papel destacado como fuentes de financiación para una serie de actividades sociales (culturales y asistenciales sobre todo) que ahora mismo se encuentran en fase de severa restricción. Con la conversión de las cajas de ahorros en fundaciones y la creación de bancos a los que les transfería toda la actividad financiera, las históricas cajas se han quedado prácticamente sin un euro para desarrollar sus actividades culturales o benéficas, lo que no deja de ser un contratiempo serio en unos momentos en los que el país tiene roturas diversas derivadas del aumento espectacular del paro y de la reducción de rentas en muchos hogares españoles. La Obra Social de las cajas no hacía milagros, pero llegaba a dar cobertura a algunas de esas deficiencias que el gasto público no llegaba a cubrir. También notarán su merma de financiación algunas actividades culturales y otras relacionadas con la investigación.

Ahora, dado que las fundaciones habrán de vivir de los dividendos que reciban de los bancos en que se han transformado todas ellas, los ingresos para estas actividades van a descender de forma drástica. La noticia de que la Caja de Madrid, una de las entidades pioneras en el desarrollo de actividades de este tipo, se queda prácticamente sin un euro para destinar a tales labores, va a tener previsiblemente un impacto negativo serio en los territorios en los que operaba esta caja.

La Caja Madrid que se ha quedado como fundación no va a tener participación alguna en el BFA, el banco creado para asumir toda la actividad financiera de la caja. Resulta que este banco está en quiebra y, por lo tanto, su propiedad ha sido transferida íntegramente al Estado. La antigua caja se queda, a la postre, sin recursos debido a que la propiedad del banco ya no es de la caja y, aún si lo fuere, su generación de beneficios para aportar recursos a la Obra Social de la caja sería nula. Un proceso similar se ha producido en la inmensa mayoría de las cajas de ahorros españolas, aunque quedan algunas dispuestas a dar la batalla, caso de La Caixa catalana, la entidad que en los últimos años más había destacado en las actividades, sobre todo culturales, de su Obra Social.

La caja madrileña ya lanzó un aviso bastante nítido hace unos días, al revelar el cierre de la mayor parte de los locales en los que desarrolla su actividad. La caja madrileña ha recortado las dotaciones a su Obra Social en más del 80% en los tres últimos años. El último año del que se tienen datos apenas contabilizó 40 millones de euros en contraste con los 250 millones de euros que llegó a insuflar a sus actividades sociales en los buenos años, hace apenas cuatro ejercicios.

La cuantía del dinero que va a dejar de destinarse a este tipo de actividades había empezado ya a descender en el año 2009 para el conjunto de las cajas de ahorros, tras haber alcanzado su máximo en el año 2008, con un importe estimado del orden de los 2.000 millones de euros en dicho ejercicio. La Obra Social recibía en torno a una quinta parte de los beneficios de las cajas. El último año, y tras un gradual descenso de las aportaciones realizadas por las cajas, la Obra Social manejaba aún en torno a los 1.000 millones de euros. La cifra sigue resultando estimable, pero hay bastantes probabilidades de que se reduzca en los próximos ejercicios al fallar el motor que impulsaba su financiación.