Plan bancario: calabazas al Gobierno

Ninguna de las dos aspiraciones que anhelaba el Gobierno español en relación con la operación de salvamento de la banca española con fondos europeos ha salido adelante por el momento y no parece que existan muchas posibilidades de que las cosas cambien de orientación, a no ser que un acuerdo político gestado durante el Consejo Europeo de este final de semana (jueves y viernes) modifique las cosas.

El Gobierno pretende dos cosas: por un lado, que el dinero de los apoyos de la UE llegue directamente a los bancos en crisis y, por otro, que las aportaciones de dinero (hasta el límite ya conocido de los 100.000 millones de euros) no tengan un carácter preferente a la hora del cobro en relación con el resto de la deuda española, ya que si ello es así, la calificación de la deuda del Estado podría sufrir un deterioro adicional en sus valoraciones, dificultando la financiación del Estado y de los organismos públicos y, a la postre, encareciendo el dinero que el Estado español y el conjunto del sector público reciban de los inversores. Habitualmente, este encarecimiento es también extensible al sector privado, ya que las empresas privadas suelen pagar su financiación algo más cara que el Estado.

El impacto, por lo tanto, del fracaso en el logro de las dos aspiraciones puede llegar a ser muy considerable. No estamos ante un problema menor sino ante un deterioro de las condiciones de financiación de la economía en su conjunto. Por el mero hecho de que del dinero llegue al Estado español y este responda de su devolución, nos tropezamos con un aumento inmediato del nivel de la deuda pública en circulación, que puede implicar, si la financiación que finalmente se pida es de 100.000 millones de euros, al 10% del PIB, lo que constituirá una pesada losa sobre las cuentas públicas del futuro, a pesar de que el crédito que se habilite sea a muy largo plazo (se habla de más de 15 años) y de que el precio sea inferior al del bono español a 10 años actual, que está en el 7%. Se habla de un 4%, que tampoco es dinero barato pero al menos entra dentro de lo razonable.

El hecho de que el Gobierno no haya logrado sacar adelante estas dos aspiraciones es un contratiempo indudable, aunque cabe esperar que a última hora se instrumente una operación puente para que las condiciones definitivas se firmen más adelante cuando se hayan adoptado en la UE los cambios legales que lo permitan. Uno de ellos es la creación de una unión bancaria europea, asunto que naturalmente no es cuestión de días ni siquiera de meses. Pero si el intento avanza y existen instituciones comunes en la supervisión bancaria, el escenario a medio plazo puede ser más benevolente.

En todo caso, lo importante es lo que suceda en el corto plazo. Y aquí estamos hablando de la semana próxima. Si no hay un arreglo en línea de lo que el Gobierno español necesita, existe la probabilidad de que el castigo de los mercados se prolongue bastante más tiempo del previsto, dificultando con ello la salida de la crisis.

Una de las argucias para minimizar el coste de esta operación de salvamento bancario consistiría en minimizar en la medida de lo posible el dinero que se solicite. Se está hablando de 62.000 millones de euros como dinero que se necesitaría en un escenario de gran recesión económica, que no es por el momento el más previsible. Si el Gobierno quiere reducir al máximo la cuantía del dinero del plan de salvamento europeo tendrá que estrujarse bien la cabeza, hacerlo pronto y contar con aliados en el sector privado que le ayuden a minimizar la cantidad de dinero que hay que pedir en Bruselas. Estamos a tiempo.