Una semana en el alambre

España presenta hoy en Bruselas su lista de necesidades para sanear el sector financiero. Será algo más que un acto protocolario ya que con esta confesión de necesidades se inicia una semana en la que España tiene como tarea principal sentar las bases de una posición de mayor credibilidad en la que previsiblemente se nos van a exigir garantías mucho más fiables en cuanto a capacidad para cumplir los objetivos de déficit público y las reformas que permitan alcanzar tales objetivos. UN ejercicio de autentico malabarismo. Tanto desde el Eurogrupo como desde Bruselas y el FMI, las sugerencias emanadas a lo largo de la semana pasada, y que el Banco Internacional de Pagos de Basilea ha rematado en su informe conocido este domingo, insisten en que el Gobierno debe dar un importante golpe de mano para afrontar los problemas económicos pendientes. El apoyo al sector financiero estará por lo tanto condicionado a que el país ofrezca garantías de salir adelante y no sea necesario afrontar una operación de salvamento para el conjunto del país, no sólo para el sector bancario.

Las cifras sobre el rescate bancario han corrido en los últimos días de boca en boca con diversas versiones, con una sensación generalizada de que van a ser muy inferiores a ese cheque de 100.000 millones del que habló la propia Comisión Europea, en particular el Eurogrupo, a principios de la semana pasada. Las primeras sensaciones sobre las necesidades de financiación del sector bancario español han sido, por lo tanto, más tranquilizadoras que preocupantes.

Pero lo que se ventila en estos momentos no es tanto el dinero que puedan necesitar los bancos sino cómo se va a poner en marcha el mecanismo de transfusión de ese dinero desde las instituciones europeas a los bancos españoles, ya que es muy relevante que ese trasvase se realice de forma directa a los bancos o que se instrumente a través del Estado español o de alguno de sus instrumentos estatales. De ser así, es decir, si el dinero llega al Estado español para que después se canalice a las entidades financieras, nos encontraríamos con una operación típica de deuda pública, lo que coloca al país en una situación bastante complicada de cara al futuro porque esa deuda incrementará la debilidad financiera del Estado frente a los inversores.

Esta doble vía de entrega del dinero que tiene a los bancos como destinatarios finales está haciendo correr ríos de tinta en Europa, porque hay quienes afirman que la entrega de dinero directamente a los bancos vulnerará los Tratados europeos, una posición que defiende Alemania. Y, además, se considera que deberían ser los Estados, en este caso el español, el que fuera el gestor de esa ayuda por resultar más competente en la materia y, por lo tanto, mejor garante de la eficacia final de la ayuda financiera, ya que cuenta con instrumentos más próximos para garantizar el buen fin del apoyo financiero.

La entrega de dinero directo a los bancos tiene sus ventajas, sobre todo porque evita que exista una contaminación entre el problema bancario y la solvencia de la deuda española. Pero no carece de problemas: las garantías de que gozarán estas entregas pueden llegar a asestar un duro golpe a la calidad del resto de la deuda española, lo que ha sido precisamente uno de los motivos por los que la deuda española sufrió tantas convulsiones la semana pasada. Clarificar este asunto es de importancia capital. Como lo sería también el anuncio de medidas por parte del Gobierno que refuercen la credibilidad de la economía española ante los mercados, medidas que ya han sido enumeradas por diversos expertos y por los diversos organismos que se han implicado en la búsqueda de soluciones.

España necesita además ofrecer al BCE, no sólo a los mercados, una cierta confianza en que va a adoptar una política económica consecuente con la resolución de los problemas, ya que el BCE podría prestar un inestimable apoyo, comprando deuda o aportando liquidez para que la deuda española rebaje los tipos de interés y pueda ser adquirida por inversores internacionales. Uno de los problemas más serios en los que se ha metido la economía española en las últimas semanas es la compra masiva de deuda pública emitida por el Estado español. Se está creando un círculo vicioso que puede resultar explosivo a medio plazo. España necesita recuperar su credibilidad ante el exterior de forma urgente para ampliar los circuitos de financiación, extendiéndolos a otros países como ha sucedido en el pasado. De lo contrario, el círculo se convertiría en demoníaco: un Estado que financia a los bancos con dinero obtenido mediante emisiones de deuda que suscriben los propios bancos objeto de salvamento.