Recuperar el crédito

Las cifras que deberían devolver la credibilidad al sector financiero español empiezan a mostrar sus primeros anticipos. En una primera valoración, la cuantía del problema, la necesidad de dinero fresco para tapar el agujero de las insolvencias, parece bastante manejable y desde luego muy lejos de los presagios que se manejaban. En consecuencia, como de estas cifras depende el importe total que el Estado debe solicitar en Bruselas para taponar la crisis bancaria (el famoso “rescate bancario”), el dinero que necesitará España de las instancias europeas puede representar algo más de la mitad de la cifra que se venía barajando. Eso si se cumplen las hipótesis más pesimistas, casi catastróficas, ya que en versión más favorable, las necesidades no deberían llevar a solicitar ayudas por encima del 25% de la cifra ofrecida por la UE.

Causa verdadero asombro la enorme distancia que media entre la cuantía de los quebrantos de la parte dañada del sector financiero español y las cifras que los Estados europeos (Holanda, Irlanda, Bélgica, Alemania, Gran Bretaña,…) han tenido que insuflar a sus respectivos sistemas bancarios, empezando por los 120.000 millones de dinero público del Reino Unido (sólo 25.000 millones se los llevó el RBS), o los 310.000 millones que se estima ha dedicado Alemania a evitar la quiebra de sus bancos regionales, o los 40.000 millones que parece haber pagado hasta la fecha Holanda para impedir la quiebra de alguno de sus mayores bancos o los 65.000 millones de Irlanda,… Empieza a crecer la sensación de que hay bastante más ruido que quebrantos en el problema bancario español, a pesar de que al sector público ya le ha costado unos 12.000 millones de euros netos (40.000 millones de aportación menos devoluciones) afrontar algunas de la crisis que se han ido presentando entre las cajas de ahorros.

El ofrecimiento de 100.000 millones de euros para poner en marcha el rescate de la banca española se quedará, a la vista de los dictámenes de las dos consultoras internacionales, en unos niveles bastante más asequibles, no sólo para resolver los desajustes de una parte del sector sino para que el impacto en el nivel de endeudamiento público español y en los gastos presupuestarios anuales sea significativamente menor, lo que constituye un importante alivio de cara al cumplimiento de los objetivos de déficit público. No es lo mismo pedir una ayuda del 10% del PIB que un apoyo del 6% ó menor.

Las estimaciones facilitadas por los dos consultores externos e independientes presentan un abanico de necesidades de financiación para el conjunto del sector que oscila entre los 25.000 millones y los 62.000 millones de euros. Tomando el escenario más desfavorable de la economía durante los tres años sometidos a estudio (este año 2012 y los dos próximos), las necesidades estarían entre 51.000 y 62.000 millones de euros. Escenarios más benignos, y posiblemente más probables a la vista de las cifras que se barajan, sitúan la cifra de necesidades entre 16.000 millones y 25.600 millones de euros. Para entrar en la órbita catastrófica, la de los 62.000 millones de euros de escenario más dramático, los precios de los pisos deberían bajar todavía un 26% adicional, de forma que llegarían a acumular desde el inicio de la crisis en torno a un 60% de pérdida de su valor. El suelo sería sometido a una depreciación incluso más fuerte, de hasta el 90%, es decir, dejando su valor casi a cero.

Sobre la base de los dos informes presentados, que ofrecen bastantes similitudes entre sí, el Gobierno tiene que presentar ahora una demanda de necesidades, que posiblemente en julio se traducirían en peticiones concretas, entidad por entidad. De esa petición de recursos van a estar ausentes los tres grandes del sector, que representan alrededor del 60% del sistema, lo que constituye un motivo de gran alivio, sobre todo porque implica situar a La Caixa en el terreno claramente positivo. Hay otro grupo intermedio de entidades que necesitarán algo de dinero, aunque contará con la opción de buscarlo y obtenerlo por vías privadas, sin recurrir a la ayuda pública. Y luego está el tercer grupo de entidades (caso de Bankia y las otras cajas ya intervenidas o beneficiarias de ayudas del Frob), en las que se concentrarán las necesidades de aportaciones de capital.

Comparando las cifras que ahora han presentado los dos consultores internacionales con las que se venían barajando para el grupo de entidades con problemas, lo anunciado ahora es claramente inferior a lo que se había estimado. Hay que tener en cuenta que sólo Bankia ha presentado una estimación de necesidades de inyección de capital adicionales a las que ya ha recibido de 19.000 millones de euros, lo que significa que por sí sola esta entidad se llevaría casi la totalidad del dinero necesario según las estimaciones más favorables. En todo caso, el problema de Bankia ha sido objeto de un tratamiento aparentemente más benévolo por parte de los consultores de lo que había estimado el nuevo equipo gestor. La cifras de 19.000 millones de euros planteada puede que no encuentre respaldo justificativo, por su cuantía, en las evaluaciones de los consultores ahora y de los auditores de aquí a finales de julio, cuando se presenten los dictámenes individualizados.

Dado que el problema del sector financiero español se ha presentado en estos últimos meses como el gran argumento que ha deteriorado la imagen de la deuda en los mercados y que ha encarecido de forma insoportable la financiación pública, cabría esperar que las aguas retornen pronto, una vez clarificados los datos, a su cauce y podamos seguir luchando contra la crisis económica, que ya es bastante, sin fantasmas invitados.