A poner la otra mejilla

España y los principales agentes económicos involucrados en la reordenación financiera afrontan hoy el veredicto de los mercados en una posición de notoria fragilidad. Lo que se espera de los mercados es una reacción que refleje la valoración que hacen del último movimiento del sector bancario español, el plan de salvamento de Bankia, que presentó el sábado José Ignacio Goirigolzarri, con una factura adicional de 19.000 millones de euros, es decir, unos 23.500 millones de euros de coste total para sacar a este grupo financiero del hoyo. Lo nuevo es que no habrá petición, de momento, de ayudas europeas y que la factura es casi el doble de la que se suponía.

Las cifras de los nuevos gestores son ciertamente mayores de las que se esperaban, pero a nadie se le oculta que Goirigolzarri ha puesto el listón en lo más alto de los escenarios posibles, tirando a pesimista para que su labor al frente de la entidad no desmerezca y tratar de devolver los beneficios y la confianza en esta entidad a la mayor brevedad posible. Tampoco se puede dar por supuesto que la cifra en modo alguno esté justificada y que el Gobierno haya sido excesivamente tolerante con las peticiones del banquero vasco. Goirigolzarri es el primer profesional bancario digno de tal nombre que ocupa la cúpula máxima de la entidad desde hace bastantes años. La elección de los colaboradores que le secundarán en el Consejo de Administración no tiene mala venta en los mercados sino lo contrario, aunque el perfil es más bien bajo, pero solvente. No hay, en suma, razones para pensar que este lunes Bankia amanezca peor de lo que se retiró a descansar el viernes o el sábado, tras las prolijas explicaciones dadas por Goirigolzarri a los cuatro vientos.

Con el dinero que va a recibir, parece claro que Bankia se coloca como una entidad fuertemente blindada ante posibles alargamientos de la crisis económica, al menos para uno o dos años. Los balances de los bancos españoles viven una carrera de resistencia. Cuanto más tiempo duren las tasas de paro por encima del 20% en el país, mayor será la probabilidad de que la enfermedad de los créditos hipotecarios tóxicos se extienda y castigue las cuentas de resultados de las entidades.

Si España va a soportar por sus propios medios la crisis del conjunto del sector bancario sin recurrir a un rescate europeo, como se empeñan en reafirmar una y otra vez los responsables políticos españoles a pesar de las numerosas invitaciones recibidas para acudir en demanda de tal ayuda financiera, parece ser la incógnita del momento. Es lógico suponer que se trata de una cuestión de tiempo. Un escenario de alta tasa de paro prolongada más allá de uno o dos años, sería letal no sólo para Bankia sino para el conjunto del sistema financiero debido a los costes que tendría en términos de morosidad bancaria en alza.

El Gobierno tiene que apostar, por lo tanto, por abrir nuevos frentes en el debate europeo que favorezcan un cierto impulso al crecimiento económico para darle un giro a la curva ascendente del desempleo. De ahí que Holande, el presidente francés, se haya convertido en un inesperado aliado para España, que al mismo tiempo no debería descuidar los esfuerzos de austeridad en el recorte del gasto público recortable porque en ellos reside también una de las claves del resurgir económico y por supuesto uno de los factores clave del apoyo que España pueda recibir de los mercados.

Hay algunas sombras de duda sobre la forma en la que el Estado va a satisfacer las peticiones de dinero de los nuevos gestores de Bankia. Las inyecciones de Deuda Pública al balance de la entidad son un mecanismo peculiar y de efectos poco conocidos. Sobre este punto, los mercados tendrán algo que decir ya que los analistas y expertos se enfrentan a valoraciones nuevas en los mercados de deuda. Habrá que conocer sus valoraciones para calibrar en qué medida Economía ha buscado un instrumento financiero de apoyo que resulte creíble.