El atajo hacia el banco malo

En esa carrera a la desesperada, cargada de improvisaciones y ocurrencias, que está recorriendo la reordenación bancaria española, el titular de Economía ha propuesto, quizás más en serio de lo que piensa, la creación del famoso “banco malo”, es decir, una entidad que reúna “lo peor de lo peor”, tomando sus propias palabras al referirse a una de las entidades levantinas quebradas. De Guindos se ha pasado los pocos meses que lleva en el cargo rechazando la posibilidad del famoso “banco malo”, en el que se reunieran todos los activos dañados del sistema.

Ahora, reuniendo en una sola unidad a Bankia, a CatalunyaCaixa y a Novagalicia, las tres entidades bajo el manto tutelar del Estado, con unos activos que sumados alcanzan los 450.000 millones de euros, un 20% del sistema bancario y banco doméstico líder (los dos grandes suman importes también elevados, pero sólo la mitad de los mismos están en el mercado español, ya que el resto pertenece a sus actividades de diversificación internacional), el Estado tendría un importante conglomerado financiero cuyo control y saneamiento le costará no menos de 50.000 millones de euros (parte de los cuales está ya desembolsada) y que representaría alrededor del 20% del sistema financiero.

Sería el líder de los líderes, una importante herramienta (convaleciente de una grave enfermedad, todo hay que decirlo) que difícilmente pasaría los controles normales de respeto a la competencia (es decir, habría de ser adelgazado para que no vulnere el dominio excesivo de mercado en algunas zonas del país), primera inmobiliaria nacional, cúmulo de activos tóxicos, concentración de excelentes gestores (todos ellos llegados a sus respectivas entidades tras haber puesto en la calle a los anteriores gestores, que condujeron a las entidades a la ruina, salvo en el caso de Bankia, en donde Goirigolzarri es segunda vuelta, ya que Rato fue una solución de primera instancia que no resultó), importante sociedad de cartera (más de 3.000 millones de euros en participaciones empresariales, disponibles para la venta cuando mejoren la Bolsa y la economía) y, en suma, un prometedor instrumento que a lo mejor tiene la virtud de meter la gran parte del problema (los activos inmobiliarios del país) en un mismo saco para darles un tratamiento solvente (bajo la atenta mirada y garantía del Estado) y encarrilar de una vez por todas la pesadilla de la reorganización sectorial.

Es, a la postre, lo que rechazaba con vehemencia el propio De Guindos una y otra vez en los últimos meses cuando decía que “nunca haremos un banco malo”. Ahora, el “banco malo” ha sido casi presentado en sociedad por el propio De Guindos, el que se ha pasado varios meses diciendo que en ningún caso habría dinero público para reorganizar el sector financiero. Dos afirmaciones que el propio De Guindos se ha encargado de desmontar en apenas dos días. Reflejan quizás la ligereza del ministro, el despiste de su actuación bancaria y una rectificación que, si sale bien (por qué no decirlo) será de agradecer porque de sabios es rectificar y hacerlo, aunque sea un poco a destiempo.

Los problemas operativos serán numerosos, casi tanto como los financieros, pero la idea tiene la virtud de evitar la dispersión de esfuerzos y poner en un mismo foco la gran parte del problema. No menor será encontrar el camino de salida, ya que el Estado no puede mantenerse mucho tiempo en una situación así, de accionista inconveniente para una entidad nacida de la crisis. En Bruselas pondrán plazos y meterán prisa, porque las ayudas de Estado tienen que ser forzosamente temporales. Goiri, Castellano y Todo (los tres patrones del invento, Bankia, Novagalicia y CatalunyaCaixa, respectivamente) estarían llamados a entenderse. Tienen “segundos” (varios en Bankia, más González Bueno y Masana en las dos cajas) de primer nivel. Es posiblemente una selección de lujo en el sector bancario español.