El dinero se mueve y no en la dirección deseada

Los flujos de capitales que ha  vivido la economía española en los últimos meses, que empiezan a ser conocidos ahora ya que las estadísticas oficiales suelen identificarlos con algún retraso y divulgarlos con  dos meses o más de retraso,  están poniendo bien a las claras las importantes salidas de capitales que se han producido en este periodo de tiempo que va desde el otoño del año pasado hasta  finales de febrero, e incluso a cierre de marzo, etapa que coincide con los primeros meses de Gobierno del PP y por lo tanto una vez conocidos los rasgos principales de su estrategia económica caracterizada por un ajuste generalizado de los gastos y subidas de impuestos.

Las dos primeras conclusiones que cabe establecer ponen de relieve,  primero, que el dinero no sólo ha abandonado España en estos primeros meses del año en curso rompiendo así una trayectoria tradicional de entrada  de capitales  sino que lo ha hecho de forma casi masiva y tanto con pasaporte extranjero, que ha tomado el camino de vuelta, como con pasaporte español. Las salidas de capitales españoles pueden tener alguna relación con las primeras medidas fiscales adoptadas por el Gobierno de Rajoy, elevando los tramos más altos de la Renta. Muchos inversores han votado con los piés y se han alejado de nuestros lares, a pesar de que  existan motivos apreciables  para considerar que  en la economía española hay  auténticos yacimientos de rentabilidad (sin ir más lejos, en la Bolsa) con condiciones razonablemente seguras, a pesar del sistemático recorte de calificaciones crediticias a los que nos someten las agencias de calificación de  riesgos.

Hay ahora mismo inversiones en la Bolsa española con una rentabilidad por dividendo que no resultan fáciles de encontrar en otras Bolsas. Teniendo en cuenta que, a diferencia del pasado, en España no hay riesgo de tipo de cambio, ya que la época de las devaluaciones nacionales, por suerte o por desgracia, ha pasado a la historia, al estar todos los países de  nuestro entorno bajo el paraguas común del euro.

El papel de  las agencias de calificación de riesgos  ha sido generalmente discutido pero hay un detalle en la rebaja generalizada de las calificaciones de riesgo de los bancos españoles que este lunes ha visto la luz que llama especialmente la atención. Se trata de la casi nula distinción que realizan los calificadores entre grandes entidades financieras y  las de tamaño medio o pequeño. Las primeras han desarrollado tal grado de diversificación exterior que apenas tienen un tercio o menos de su negocio en España y apenas un 15% de sus beneficios, en contraste con el resto de entidades que tienen en España la casi totalidad del negocio y los resultados (a veces pérdidas). Si el riesgo de estas entidades de mayor tamaño  está básicamente fuera del mercado español causa cierta sorpresa que sus calificaciones corran la misma suerte que quienes tienen todo su negocio en España.

Una parte de la respuesta puede residir en el hecho de que los bancos españoles, sobre todo los grandes, se han convertido en auténticos financiadores del Tesoro  en estos primeros meses del año, al atesorar volúmenes espectaculares de Deuda Pública que los extranjeros y la propia dinámica de mayor deuda emitida han generado. Los bancos españoles en conjunto tienen ahora mismo unos 170.000 millones de euros  Deuda Pública en sus carteras, datos de finales de marzo que se comparan  con los 70.000 millones de euros del pasado mes de noviembre., Es decir, el Tesoro ha logrado apuntalar su renqueante tesorería tomando dinero de forma masiva de los bancos, que a su  vez han acudido al BCE a tomar dinero de forma masiva, más de 200.000 millones de euros en las dos subastas desarrolladas en los últimos meses.  De este modo, los bancos españoles han afrontado la cobertura  financiera del Tesoro, cubriendo el  hueco que han dejado tanto  los inversores extranjeros   y españoles en su huida, como el aumento de las necesidades de financiación que tiene el Tesoro, que además ha tratado de acelerar sus emisiones ante el riesgo de  un endurecimiento del mercado.

Ni qué tiene que en estas condiciones pocas oportunidades le quedan al sector privado para recibir algún dinero en forma de crédito. Si bien desde el sector  privado no se registra una gran demanda por razones obvias (no hay nuevas inversiones y la demanda de crédito se orienta casi en exclusiva a refinanciar deudas anteriores), la capacidad de financiación por parte del sector bancario al resto de la economía  resulta bastante limitada en estos momentos a causa de sus elevados compromisos con el Tesoro.