A crecer, pero ¿cómo?

Lo mejor que se puede decir del candidato socialista francés antes de ser entronizado como nuevo presidente de la República francesa es que ha ganado ya una batalla antes de acceder al cargo.  La batalla  se llama crecimiento y está hoy en boca de toda la clase política y por supuesto empresarial europea. Aunque algunos países, como España, todavía peleamos en el furgón de cola con los ajustes, que se supone serán los últimos antes de incorporar a la economía española a la corriente dominante en la Unión Europea, en los centros de poder europeos se barajan ya las alternativas financieras necesarias para pasar del estancamiento al crecimiento con los recursos necesarios para ello. De cara a la próxima reunión de máximos  dirigentes europeos, que podrían reunirse de forma extraordinaria en cualquier momento a partir del domingo próximo (fecha de las elecciones presidenciales en Francia), los titulares de Economía y de Hacienda así como los comisarios europeos y los responsables de alguna institución relevante en este asunto, como el BEI (Banco Europeo de Inversiones) tendrán que afilar los lápices en busca de recursos con los que armonizar deseos y realidades.

No se sabe lo que podría suceder si finalmente no es Hollande, sino Sarkozy, quien asume la presidencia en el país vecino. Las posibilidades de uno y otro no corren tan alejadas, pero sea cual sea el desenlace, Europa ya está embarcada por la fuerza de los hechos en  la búsqueda de una nueva estrategia. Habrá que ver si este intento, cuya financiación es un misterio,  corre parejo con una flexibilización de los objetivos comprometidos hasta la fecha  en materia de déficit público.  Llega a resultar difícil hablar al mismo tiempo de rigor extremo en las políticas de equilibrio fiscal y apuesta expansiva en la actividad económica.

Pero de momento  no es nada malo que el “mensaje” que pueden empezar a percibir los agentes económicos se decante del lado de una nueva forma de afrontar el futuro inmediato, siempre y cuando los países de la Eurozona no abandonen los objetivos de rigor fiscal a medio plazo, que en algunos países, como España, están a medio hacer. Conviene no olvidar que desde el 9% de déficit que llegamos a superar el año 2010 hasta el 3% que se nos está exigiendo de cara al año 2013,  el recorte es monumental y pondrá a prueba la capacidad de resistencia de la economía y de la sociedad española. Todavía no vamos ni por la mitad del ajuste necesario de cara al equilibrio fiscal, ya que el 5,3% para este año, que muchos consideran ilusorio, está todavía por encima del ecuador de la carrera.

Pero conseguir alcanzar ese objetivo   es una  necesidad si nuestros vecinos lo dan por bueno para sí mismos y para el conjunto de la Eurozona.  Lo contrario, mantener un déficit público excesivo, no sólo nos pone en riesgo de exclusión sino que amordaza nuestra competitividad internacional y hasta las posibilidades de crecimiento, habida cuenta de que la mala nota de las agencias de calificación que se derivaría de una falta de eficacia en la búsqueda del rigor fiscal mantendría insoportablemente elevados los tipos de interés. Esta asfixia sobre la economía, pública y privada,  haría inviable cualquier  intento de prosperidad incluso dentro de la Eurozona.

La apelación al crecimiento tendrá que pasar, en todo caso y como primera premisa, por  un cambio radical en la disponibilidad del crédito al sector privado, ya que el esfuerzo de financiar el crecimiento de la economía no puede recaer única y exclusivamente sobre las espaldas del sector público, todavía convaleciente de sus esfuerzos de ajuste. El sistema financiero tiene que tomar parte activa en la regeneración económica europea, lo que posiblemente traerá de la mano una necesaria flexibilización en los recursos de exigencias de capital a las entidades financieras en el seno de la normativa de Basilea. No parece que puedan convivir bien estos requisitos reforzados de capitalización con una fluidez de la actividad crediticia y alguna forma habrá de hacer compatibles los dos  requisitos. El  papel del Banco  Central Europeo (BCE), que se ha quitado de en medio en las últimas semanas tras las dos  inyecciones masivas de liquidez de los últimos meses, será también requerido, como no.