El FMI señala con el dedo

La larga  gestión de la crisis bancaria española está dando pié a la aparición de todo tipo de propuestas, vista la lentitud y escasas luces que parecen mostrar los responsables de su resolución. El teoría, el Banco de España debería haber desempeñado un papel más incisivo, peor de todos es conocido el flagrante divorcio entre el caserón de Alcalá esquina Paseo del Prado con el nuevo Gobierno. Las pautas que ha marcado el  titular de Economía para acopiar los 50.000 millones de euros se han ido requisando con obediencia y disciplina casi generalizadas, aunque no falten excepciones que han preferido llevar a cabo la tarea sin acelerones posiblemente innecesarios, como los que han mostrado Santander o La Caixa, entre otros.

Tan larga gestación de la crisis, aún lejos de culminarse, ha dado pie a que organismos como el Fondo Monetario Internacional, que ha tenido durante varias semanas a un grupo de gente destacada en España analizando la situación y las tripas del sector,  se haya despachado con un beligerante diagnóstico en el que, para  sorpresa de algunos, pone en solfa nada menos que a su antiguo director gerente, Rodrigo  Rato, ahora reconvertido en banquero, objeto de severas críticas.  En honor de Rato hay que reconocer que su  trabajo al frente de la antigua Caja Madrid no está exento de mérito y de sacrificio personal, recorte salarial incluido. Pero  la pesada herencia de esa institución y de sus variados socios, sobre todo  la caja valenciana Bancaja, están por encima de lo era razonable resolver.

La institución con sede en  Washington  ha coincidido en diagnosticar lo que en España se suele considerar opinión mayoritaria, la de que Bankia es el problema central de la crisis bancaria española, el foco de mayor vulnerabilidad. Ni de lejos una institución que pueda valerse por sí sola como pretenden sus gestores sino que necesita alguna solución compartida, bien con más dinero público, por encima del que ya ha recibido en cuantía importante, bien con alguna asociación provechosa, que en principio parecía orientada a emparejar a las dos grandes cajas del país, La Caixa y Bankia, pero que al final se ha quedado en nada, sin descartar que alguno de los grandes (sólo hay dos, Santander y BBVA) se  muestre dispuesto a echar una mano.

Esta última hipótesis ha sido generalmente descartada, ya que los dos grandes del sector financiero español carecen del más mínimo interés a la hora de incrementar el peso de su actividad en España.  Los resultados que ambos están presentando estos días, que muestran de forma desagregada la marcha del negocio en las distintas áreas geográficas en las que operan estas dos grandes entidades, ponen de relieve el alto riesgo que sigue pregonando la inversión crediticia básicamente inmobiliaria en España.  Es decir, la actividad en la que de forma prácticamente exclusiva opera Bankia, con sus elevados  volúmenes de créditos fallidos o dificultosos.

Con “banco malo” o sin él, la última requisitoria del Fondo Monetario Internacional, que se ha atrevido a  insinuar los nombres y apellidos de los cinco principales enfermos del sector bancario español, sobre todo de dos de ellos y en particular de uno, al que sólo bastaba con  escribirlo con todas las letras,  es un nuevo empujón a las autoridades para que se  planteen de una vez por todas una solución viable al problema bancario del país, posiblemente  una de las dos piezas esenciales (la  otra es el problema presupuestario autonómico) que nos alejan de la credibilidad económica y financiera internacional. Será difícil que el Gobierno  pueda afrontar la resolución eficaz y sobre todo rápida de la quebrantada  salud del sector bancario español, concentrada eso sí en muy pocos. Conocidos ya suficientemente, habría que poner cuanto antes manos a la obra.  Que el empleo de dinero público sea inevitable no quiere decir que tenga que ser necesariamente elevado en cuantía. Pero no parece que exista otra vía eficaz y, sobre todo, rápida para dar carpetazo a esta crisis en la que se están desarrollando demasiados quistes.