La recesión empieza sin final previsible

La segunda recesión española en pocos años debería ser, tal y como se esperaba hace unos meses, más liviana. Pero muchos indicios apuntan ahora a que será más profunda, más dilatada o incluso con consecuencias más nocivas que la anterior. Sólo en cuestión de empleo, se está barajando ahora la hipótesis de un 26% de tasa de paro, cuando en la recesión anterior, la que se desarrolló durante los años 2009 y 2010, el nivel de desempleo alcanzó el 20% o poco más. Echando la vista atrás, no muy atrás, se puede considerar el año 2010, tras el tremendo bache del año 2009, como un ejercicio perdido en el curso del cual España no aprovechó la experiencia de los primeros síntomas de la recesión del año anterior para atajar de raíz los problemas, en unos momentos en los que la economía ofrecía una salud bastante considerable aunque incubaba ya los problemas que por falta de actuación a tiempo habrían de convertirse en fuertemente perjudiciales para el país, sobre todo en materia de endeudamiento privado.

Tiene lógica extraer una conclusión política de este hecho, la que el Gobierno de Zapatero tiró la toalla cuando vió que no sería capaz de renovar su mandato en las urnas. Quizás si en vez de bajar los brazos hubiera afrontado la realidad con mayor determinación en el año 2010, ni la economía se encontraría en estos momentos peor que entonces ni posiblemente sus expectativas políticas habrían sido tan catastróficas. Tres años después del inicio de la primera recesión, los agentes económicos se encuentran más endeudados y con unas expectativas de crecimiento muy modestas, con un cuadro institucional en Europa que no invita al optimismo ya que las políticas dominantes en nuestro entorno tienen un perfil más depresivo que expansivo, ya que casi todos los países se encuentran sometidos a duras terapias de ajuste de gastos y, por lo tanto, con muy escasas posibilidades de realizar aportaciones positivas al crecimiento de la actividad.

Las cifras avanzadas este lunes por el Banco de España, confirmando el segundo trimestre consecutivo de caída del PIB durante los tres primeros meses del año, lo que implica la entrada en recesión, presentan un panorama bastante desolador, el de una economía sin pulso, con baja inversión, caída de la demanda, alta tasa de paro e insuficiente reacción del sector exterior, que es en donde se podría esperar alguna contribución a la recuperación económica. El primer trimestre del año ha coincidido con un bajón del dinamismo económico europeo, de forma que nuestros principales clientes no han sido capaces de aportar ayuda a la decaída economía doméstica.

El cuadro que ofrece la economía española en estos momentos se está viendo además castigado por la desconfianza creciente que existe en los mercados sobre nuestra capacidad de reacción. Los tipos a largo plazo han vuelto a subir este lunes, situándose por encima del 6%, lo que nos recuerda el riesgo de que los costes de financiación se vuelvan insoportables para el conjunto de la economía, aunque el principal problema al que se enfrentan los agentes económicos ahora mismo, dado el elevado nivel de desconfianza, es el racionamiento de la financiación, la escasez de recursos, debido a los obstáculos con los que tropieza tanto el sector público como las entidades financieras para lograr acceso a la financiación exterior, que nunca le había faltado a la economía española en las dosis que ahora se presentan.

La duración de esta segunda recesión, que según algunos expertos podría prolongarse hasta bien entrado el año 2013, es posiblemente el rasgo más difícil de encajar por parte de los agentes económicos y sobre todo por las familias.