Con los ajustes sólo no se come

Si durante la pasada semana los mercados atravesaron nuevos episodios de tensión, con subidas de tipos de interés en los países más vulnerables de la zona euro, la semana que empieza no parece que vaya a correr fortuna más favorable. Los tipos a largo plazo en España están en la zona del 6% y parecen instalados en esa zona con cierta raigambre, mientras el principal índice de la Bolsa española, el Ibex 35, ronda los mínimos no sólo del año sino desde la crisis de Lehman.

Todo esto sucede mientras en algunos organismos internacionales y foros especializados se baraja la necesidad de buscarle una nueva orientación a las políticas económicas que se están desarrollando en Europa, ya que el estrangulamiento que están provocando las políticas de ajuste fiscal cada vez más reforzadas sobre la actividad económica se está observando con creciente preocupación y con demandas crecientes de búsqueda de alternativas. La preocupación en este sentido ha subido algo de tono debido a que el Banco Central Europeo (BCE) no parece en condiciones de afrontar una nueva estrategia de apoyo a la liquidez de las economías europeas más apretadas y de las entidades financieras que atraviesan por el difícil trance de no disponer de recursos debido al cierre de los mercados interbancarios. La extensión de la desconfianza en los agentes financieros está colapsando desde hace bastantes meses los flujos de capital y, a la postre, la capacidad de las economías de financiarse. Sobre todo los sectores privados, que son los más necesitados de recursos urgentes a corto plazo.

La reunión de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) ha venido a poner intensidad a una tendencia cada vez más explícita que propugna la adopción de políticas monetarias expansivas en Europa, en especial destinadas a darle algo de actividad a los países periféricos, España en cabeza. Nuestro caso parece haberse convertido en el más emblemático de los que ahora mismo se describen como países con mayores problemas para salir de esta crisis y con mayores riesgos de ver agudizada su situación social y política.

El diagnóstico de la situación española se ha ido confirmando con el paso de los meses como altamente preocupante. Una de las últimas valoraciones es la de los analistas de la Funcas, la Fundación de las cajas de ahorros, que pronostica caída del PIB este año y el año 2013, en ambos casos en torno al 1,5% o superior. La previsión para 2013 es la más negra de entre las emitidas en las últimas semanas. Junto a esta retroceso de la actividad económica, la subida de la tasa de paro hasta la zona del 26% deja un verdadero reguero de inquietud ya que sería el cuarto año consecutivo con paro por encima del 20%, un hecho que la economía española no conocía en su historia económica.

La recomendación que acaba de realizar el Fondo Monetario es la de que las políticas de ajuste no pueden ser interminables ni carecer de contrapesos, ya que en caso de insistir sobre tales parámetros, la economía europea, que es la más afectada por este tipo de planteamientos ortodoxos, se vería abocada a una severa recesión de la que le resultará muy difícil y costoso salir. De alguna manera, el diagnóstico que el FMI hace para Europa es el que más encaja con la situación española, ya que a estas alturas de la crisis, habida cuenta del retraso con el que España ha iniciado la tarea de restaurar el equilibrio presupuestario, nuestro país se ha ido convirtiendo en el centro de los análisis, en el prototipo de economía en la que se multiplican los problemas sin que el Gobierno tenga capacidad para insuflar oxígeno financiero y monetario.

El Gobierno de Rajoy sigue anunciando medidas de ajuste en diversos frentes, unas medidas que posiblemente resulten necesarias y hasta imprescindibles. Pero Rajoy debería poner en marcha cuanto antes una estrategia económica que apoye el crecimiento, habida cuenta sobre todo de que España tiene uno de los sectores públicos menos endeudados de la Eurozona.