El dilema de financiar la deuda o la economía

La Deuda Pública española ha alcanzado el mes de enero los 573.000 millones de euros, todo un récord en valores absolutos. Representa algo más del 60% del PIB, lo que no está nada mal si lo comparamos con los vecinos europeos que tanto empeño ponen en exigirnos que bajemos el déficit del año 2012 hasta el 4,4% del PIB para limpiar los excesos del año 2011, durante el cual el gasto se disparó y con él también el déficit, que se ha ido hasta el 8,51% del PIB. Esa exigencia, que a decir verdad la han acatado todos nuestros colegas para sus propias economías (salvo Grecia), parece en estos momentos irrealizable, en especial cuando se tiene en consideración que la economía española ha vuelto a deslizarse a la baja, por la pendiente de una recesión que debería llevarnos hasta el final de este año, quizás no más allá.

La corrección de este déficit del 8,51% exigirá grandes esfuerzos a todos, en especial a las Autonomías, que han sido las principales causantes (Madrid es una excepción) del empeoramiento de las cifras. Pocos creen seriamente que la economía española, incluso con Gobierno recién estrenado, que tiene por delante una legislatura de cuatro años en el primero de los cuales (sobre todo tras las elecciones andaluzas y asturianas del mes próximo) puede permitirse, incluso en el segundo, hacer cosas electoralmente caras, logrará realizar el titánico esfuerzo de reducir el peso del déficit sobre el PIB a la mitad. Sencillamente no es posible, por lo que alguna forma tendrá que pactar el Gobierno con Bruselas para ofrecer una salida al enorme problema que todo ello plantea.

Por fortuna, la economía española afronta esta necesidad de flexibilidad (que en principio consistiría en dilatar uno o dos años los objetivos inicialmente propuestos para “laminar” el déficit en un plazo algo más dilatado) con un volumen de deuda histórico bastante más suave que el de otros socios de la UE, lo que constituye un descargo. Pero, tras esta aparente ventaja, hay otra cuestión que en las últimas semanas está trayendo de cabeza al Tesoro Público: la financiación del déficit.

De momento, el Tesoro se ha financiado con exceso a lo largo de las primeras semanas del año, incluso tiene un excedente de liquidez que los expertos estiman en torno a los 40.000 millones de euros. Pero en los últimos cuatro-seis meses, el esqueleto de la financiación de la deuda ha dado un giro dramático a peor. En esencia se trata de que los bancos españoles se han lanzado a comprar deuda del Tesoro español (han duplicado su cartera desde octubre pasado, pasando de 60.000 millones de euros a los 119.000 millones de euros de finales de enero) y los bancos extranjeros y otras instituciones foráneas, que tradicionalmente cubrían más del 50% de nuestro volumen de deuda emitido, han empezado a salir despavoridos del mercado español, dejando un hueco que de momento han cubierto los bancos españoles pero que a la vuelta de unos meses habrá que ver quién lo sustenta. En cifras, los extranjeros tienen ahora deuda española por importe de casi 270.000 millones de euros, cuando en septiembre pasado rondaban los 310.000 millones de euros. Es decir, los inversores extranjeros han reducido su posición neta en deuda pública española nada menos que en 40.000 millones de euros.

La dependencia del ahorro interno para financiar el déficit ha aumentado de forma notable, lo que no puede ser factible a medio plazo, ya que la posibilidad de ahorro de la economía española no sirve, ni de lejos, para financiar las ingentes necesidades del sector público y del privado. De momento, el problema se ha arreglado con un parche de compromiso: la banca española ha retirado financiación del sector privado para comprar deuda pública española en términos netos, aunque buena parte de este aumento de la financiación de la banca al sector público español tiene su origen en la liquidez que les ha proporcionado el Banco Central Europeo (BCE) en la subasta de liquidez a 3 años del pasado 21 de diciembre, una operación que se repite este miércoles, se supone que con niveles de demanda muy similares. Se habla de 100.000 millones de euros demandados por el conjunto del sector financiero español.

Las altisonantes declaraciones del Gobierno afirmando que el principal problema de la economía española (o uno de los principales) es que el crédito no llega a empresas y familias tienen en este desolador cuadro de los flujos de financiación un contrapunto cargado de ironía, por decirlo de alguna manera. ¿Cómo va a financiar el sector bancario al sector privado de la economía si todo su flujo de financiación se está yendo a financiar el insaciable requerimiento de dinero del sector público? Estamos ante un caso claro de credit crounch, cuya única solución pasa por apretar las clavijas al gasto público y evitar así alimentar el ciclo depresivo de la economía. Lo que no se puede es mantener la creciente financiación del sector público por los bancos y la expansión crediticia para el sector privado, incluso si el BCE está inyectando dinero en cantidades industriales, con el grave riesgo de alimentación inflacionista que ello conlleva a medio y largo plazo.