Liquidez del BCE, segunda ronda

Esta semana, el miércoles en concreto, cuenta con un acontecimiento singular para la vida económica, la segunda subasta  de liquidez del Banco Central Europeo (BCE) a 3 años de plazo. La  primera se celebró el 21 de diciembre pasado y proporcionó liquidez al mercado por importe de 490.000 millones de euros. Esta segunda ronda, la última prevista a 3 años,  en principio, podría contar con una demanda superior, ya que las estimaciones hablan de peticiones por importe de 600.000 euros si bien algunos elevan la cifra hasta el billón de euros. Acudir a esta subasta en busca de liquidez no ha tenido los  rasgos negativos que algunos creían que podría tener, ya que más que un signo de debilidad, lo que las peticiones de dinero en esta subasta han puesto de relieve es una  buena oportunidad para engordar la cuenta de resultados, dado que el dinero que proporciona el BCE a los bancos que acuden a la subasta lo reciben con un coste del 1% y la posibilidad de sacarle rentabilidad es  superior en un buen número de alternativas inversoras (deuda pública de países del euro, por ejemplo)  o incluso muy superior si la liquidez es utilizada para reforzar la presencia en el mercado de crédito al sector privado.

La segunda oportunidad de concurrencia a esta subasta  dejaría en principio resueltas las necesidades de amortización de deuda de las entidades financieras, cuyo calendario de vencimientos para este año era bastante exigente. Con esta nueva  inyección masiva de liquidez, los bancos ven solventadas importantes partidas de su endeudamiento a corto plazo e incluso a medio plazo.

La finalidad principal de estas masivas inyecciones de liquidez por parte del BCE se presentó en su momento como una baza a favor de la recuperación de los flujos de financiación a la economía real, con objeto de solventar la escasez de crédito. Había otras finalidades, como la de tratar de reforzar la confianza del sistema financiero para que el mercado interbancario volviera a reanudar sus actividades y el  alivio de la presión sobre los tipos de interés de los bonos de algunos Estados de la zona euro, sobre todo Italia y España, ya que si los bancos utilizaban (como hicieron) el dinero prestado por el BCE para cubrir emisiones de deuda pública, los tipos de interés de los Estados bajarían. Así sucedió y este ha sido posiblemente el mayor éxito de la primera subasta, la de diciembre pasado.

Pero la reválida del crédito sigue  pendiente porque todo el dinero puesto por el BCE en manos de los bancos no ha ido a parar más que a objetivos que poco tienen que ver con la financiación de la actividad económica. Una muestra de ello es que buena parte de esta liquidez ha vuelto a inmediato al BCE en forma de depósitos de las entidades, que de esta forma reciben crédito para invertir y  lo depositan en el propio BCE porque lo consideran una alternativa de inversión segura y rentable. Lo del crédito al sector privado ha sido, hasta ahora, una ilusión, un objetivo incumplido. Cabe por ello preguntarse si esta segunda subasta de liquidez será la que definitivamente ponga a la economía europea en la senda de la normalización financiera, reactivando los circuitos del crédito y despejando las dudas sobre la solvencia de las entidades bancarias de la zona.

Lo que es probable es que habrá dinero en abundancia, que este será utilizado para proporcionar un horizonte de tranquilidad a los gestores bancarios en lo que atañe a su endeudamiento e incluso en buena medida a su cuenta de resultado, que la presión sobre los tipos de interés se verá de nuevo amortiguada, que los diferenciales dentro de la zona euro tendrán a reducirse y que el mercado de deuda gozará de mayor estabilidad. Lo que cabe dudar es que todo este volumen de liquidez sirva para hacer brotar de golpe la financiación fácil y barata al sector privado por diversas razones. La primera de ellas es que las familias y las empresas están todavía en fase de saneamiento financiero y ponen por delante la prioridad a la devolución de deudas que la inversión y consiguiente demanda de nueva financiación. Hay otras muchas razones para estimar que el crédito tardará todavía algún tiempo en recuperar  sus mejores niveles. Antes de que finalice el año 2012, esta es una perspectiva posiblemente lejana.