La asfixia financiera de las Autonomías

Las Comunidades Autónomas están con el agua al cuello. Algunas, como Cataluña, han tenido que hacer todo tipo de malabarismos para disponer de algo de efectivo. De hecho, los están haciendo todavía, ya que hay varias negociaciones abiertas para obtener antes de cierre de año pequeños créditos a corto plazo para pagar la paga extra de los funcionarios o sólo parte de ella, ya que otro trozo queda a deber, para cuando escampe. Los proveedores del ente autonómico están en precario y el Estado (la Hacienda Pública y la Seguridad Social) no escapan a la dejación de los pagos correspondientes al último mes del año.

No obstante, el asunto viene de atrás y, como se ha descubierto en la primavera pasada, cuando en algunas Autonomías cambiaron los responsables de la Hacienda autonómica a consecuencia del cambio de partido en las últimas elecciones autonómicas, hay deudas generadas en los últimos años que se acumulan en los cajones de los políticos que han abandonado sus cargos y que ahora están siendo reclamadas a los nuevos responsables. Se ha dado el caso de alguna factura en una comunidad autónoma que tiene los importes en pesetas nada menos, lo que significa que se trata de obligaciones de pago generadas hace más de 10 años.

El río está tan revuelto en las finanzas autonómicas que no sería de extrañar que en medio de la confusión apareciera algún listillo con aspiraciones poco legítimas. Lo que parece claro es que las finanzas autonómicas se encuentran en plena debacle y que el nuevo Gobierno de Rajoy habrá de enfrentarse a este asunto de desgobierno con cierta celeridad, ya que son muchas las pequeñas y medianas empresas afectadas, incluso algunas grandes compañías, además de profesionales autónomos. El caos financiero está afectando también a bastantes ayuntamientos, que han dejado de pagar con puntualidad, o simplemente de pagar, a empresas proveedoras de servicios. Las consecuencias de este deterioro se perciben relativamente pronto por la doble vía del estado de abandono en que se encuentran algunas facetas de la vida ciudadana (recogida de basuras, limpieza de las calles,…) y por el aumento del paro que se deriva del cese de estos servicios por causas de fuerza mayor.

Es una situación insólita y bastante novedosa en España. Hasta ahora, el sostén de los desajustes financieros de ayuntamientos y autonomías se solía resolver con bastante facilidad gracias al control que ambos tipos de instituciones tenían sobre las cajas de ahorros, que presurosamente concedían “créditos puente” a los entes públicos para que estos no se vieran en la indigencia. Pero el sistema de las cajas de ahorros, tal y como era conocido hasta hace unos meses, se ha venido abajo. Las cajas ya no son entes financieros asilvestrados, con un Consejo de Administración al frente, integrado por ilustres políticos de la zona, alcaldes de localidades importantes o ciudadanos afines, la mayoría de ellos sin independencia suficiente para desempeñar sus responsabilidades ni mucho menos con conocimientos financieros adecuados para participar en las tomas de decisiones. Así les ha ido a la mayoría de las cajas, aunque por fortuna no a todas.

Habrá que reconocer que una buena dosis de culpa y de responsabilidad en el fracaso de las cajas de ahorros radica en su fuerte dependencia de autoridades locales o autonómicas con delirios de grandeza, que han embarcado a las cajas en créditos faraónicos que a la postre no están siendo devueltos. Algunas cajas de ahorros han funcionado como una mera prolongación del brazo financiero de la autonomía correspondiente, lo que no ha sido problema mientras el país nadaba en una aparente abundancia y todo era fácilmente financiable. Pues bien, las cajas ya no están ahí para resolver los agobios financieros de los entes autonómicos y locales, por lo que los máximos responsables de estos entes públicos han de lanzarse a la calle, como cualquier empresario en apuros, en busca de financiación para pagar la extra del mes.

Y en esta tesitura están ahora mismo en algunas zonas de España, Cataluña entre ellas. Ahora, conseguir un crédito es tarea hercúlea, no sólo porque ya no existen las mismas cajas de ahorros dóciles que había hasta hace poco sino porque las operaciones se estudian con rigor, con el supervisor mirando sin pestañear y, además, salvados todos los obstáculos, se llega al tramo final de las conversaciones para escuchar que, en todo caso, no hay liquidez en el sistema y por lo tanto de momento no hay crédito.