Los corsés de Luis de Guindos

Los diarios internacionales de referencia, sobre todo Financial Times y The Wall Street Journal, no le han ahorrado al nuevo titular de Economía, Luis de Guindos, una razonable dosis de sarcasmo, recordando en todos los casos (Financial Times, incluso en el titular, con un rotundo “un ex jefe de Lehman se hace cargo de la economía española”) la pertenencia de De Guindos a la nómina de la nefasta institución, madre de todas las desgracias y vituperios. No será justo, desde luego, pero como diría el famoso personaje, “es lo que hay”.

¿Cabía otra solución si Rajoy está, como parece, convencido de que Luis de Guindos, mano derecha en su día de Rato y asesor frecuente del propio presidente del Gobierno a lo largo de estos últimos meses, es la persona capacitada, más que ningún otro, para sacar adelante las reformas económicas y sociales que necesita España? Desde luego, De Guindos tiene las ideas (por lo general claras, aunque algunas pocas hayan parecido desconcertantes en los últimos meses), la preparación técnica, el bagaje administrativo más que suficiente dentro del “aparato” del Estado, el conocimiento de numerosos resortes internacionales, es persona con buen conocimiento de los idiomas,… Pero, ¿logrará entenderse con los sindicatos, lo que parece su principal cometido durante las próximas semanas?

La travesía de Luis de Guindos por el proceloso mundo de la economía se presenta llena de emociones y peligros. Algunos ya han empezado a aparecer el mismo día de su toma de posesión, con la publicación de un amplio catálogo de incompatibilidades. Al parecer, una interpretación rigurosa de las leyes vigentes en materia de incompatibilidades (la principal es la del año 2006) impediría al flamante ministro ocuparse durante su mandato (no hay plazo temporal establecido para la abstinencia) de cuestiones que tengan que ver con aquello en lo que ha trabajado. La incompatibilidad se extiende a lo que hacía en el momento de la toma de posesión y en los dos años atrás, tanto él como su cónyuge. Y lo que De Guindos hacía era ejercer de consejero en una empresa eléctrica de primer nivel, Endesa, y en una caja de ahorros de tercer nivel, pero entidad financiera al fin y al cabo (Banco Mare Nostrum, salido de Caja Murcia y varias más).

¿Quiere esto decir que el mismísimo responsable máximo de la economía no podrá ocuparse durante su mandato de tocar o regular cuestiones relacionadas con la electricidad ni con el sector financiero? ¿O sólo con las empresas de las que fue consejero y de las cuales ha dimitido raudo y veloz, así como de toda otra ocupación del sector privado? La ley del año 2006 es posiblemente un despropósito bendecido, en un arranque de purismo, por las fuerzas políticas, pero ahí está y habrá que cumplirla. Lo que a estas alturas pocos deben saber es cómo respetar sus previsiones. Si de verdad la ley dice lo que parece, pocos españoles con un cierto nivel de destreza profesional podrían poner sus pies en la cosa pública, ya que es muy probable que antes hayan pasado, en algún momento, por ocupaciones privadas. Da la impresión de que la ley en cuestión ha sido pergeñada por gentes con escasas luces y muy poco competitivas, ya que limitaciones tan severas a la presencia de profesionales altamente cualificados en el área pública no se explican si no es gracias a la intervención de gente mediocre que no quiere competencia.

Convendría, por ello, que la Abogacía del Estado o el órgano competente en la materia le dedicara alguna sentada al tema, para clarificar a los españoles el alcance de sus limitaciones. No sería agradable encontrarse con que, tras haber hecho el gesto de designar a un experto en cuestiones financieras, la ley le impida, como ministro, participar en la reforma del sistema financiero, asunto al que todos dan una importancia preferente, empezando por el propio De Guindos. Es de suponer que Rajoy y Sáenz de Santamaría, buenos conocedores de leyes, hayan tomado las necesarias prevenciones con dictámenes rigurosos en su poder que clarificarán sin duda el asunto. Pero sería conveniente que esas previsiones estuvieran al alcance de los ciudadanos.