La batalla campal que se avecina

Las malas noticias se han empeñado en agolparse este lunes 31 de octubre, en el que la Bolsa ha vuelto a las andadas recordándonos lo efímero y poco consistente que era el entusiasmo que vivieron los mercados de valores el pasado jueves, tras conocerse los acuerdos de la cumbre de Bruselas. Este lunes, el Banco de España ha lanzado ya el primer aviso oficial de recesión en España. Hay también, y quizás esto sea lo más importante, un primer reconocimiento de medios oficiales (el Banco de España lo es) de que el déficit público español no estará este año a la altura de los compromisos adquiridos con Bruselas, es decir, contener el desequilibrio de las cuentas públicas del conjunto del país hasta el 6% del PIB como máximo.

Se habla ya de desbordamiento del déficit a pesar de que la ministra Salgado sigue aludiendo a un misterioso “colchón” que hará posible el milagro. Los del PP ya creen (en realidad, lo sospecha casi todo el mundo) que España va a incumplir el déficit de 2011, con un déficit del entorno del 8%, o sea, dos puntos más de lo comprometido. Las cifras de recaudación más recientes han puesto de relieve que cuadrar las cifras con arreglo a lo previsto es tarea casi imposible, ya que el Gobierno calculaba cerrar el año con un trimestre de crecimiento, cuando los dos últimos trimestres del año, en realidad, pueden ser de retroceso.

Diciembre va a ser una verdadera batalla campal de cifras, el Gobierno saliente tratando de argumentar que deja las cifras encarriladas conforme a lo previsto y el entrante, si finalmente es del PP, asegurando que le han dejado la Hacienda en precario, con cuentas poco claras y desde luego con déficit desbordado, de forma que el espectáculo parece garantizado. El PP sólo se querrá hacer responsable de las cuentas del año 2012 aunque para comprobar si va a conseguir dominar el déficit habrá que esperar a finales del año próximo. Por desgracia para el país, los mercados no van a esperar tanto, de modo que se nos avecinan unos meses bastante complicados. Por mucho que los gobernantes entrantes le echen la culpa a los salientes, el que paga las consecuencias es el país.

Puestos a diagnósticos pesimistas, la OCDE ha hecho lo propio (es decir, pronóstico de recesión) para el conjunto de la zona euro en el próximo ejercicio. Las primas de riesgo se han disparado este lunes al alza, más la italiana (por encima de los 400 puntos básicos) que la española (por encima de los 350 puntos básicos). Berlusconi está desaparecido y sus compungidas promesas de Bruselas durante la reciente cumbre siguen en el cajón del olvido, sin que las autoridades comunitarias puedan hacer otra cosa que lanzar enardecidas soflamas invitando a este díscolo socio a entrar en vereda.

Este lunes era también un día señalado en la pequeña historia económica de Europa, con el relevo al frente del BCE, el día de la despedido de Jean-Claude Trichet, el banquero francés, que deja paso a un colega italiano, Mario Draghi, admitido con calzador por los alemanes: consiguió el placet de la Merkel gracias a su dilatada trayectoria en bancos de inversión, casi siempre fuera de Italia y muy al margen de la cultura inflacionista de la Europa mediterránea. Tendrá una difícil tarea, pero la bienvenida ha sido todo menos una alfombra roja. La herencia de Trichet no es buena. Los balances de su gestión le apuntan como un buen técnico con dos errores de diagnóstico garrafales en su expediente, las dos subidas de tipos a destiempo, que han contribuido a hundir a la economía europea en momentos muy delicados, el último de ellos esta pasada primavera. Draghi afronta por lo tanto una pesada carga, la de reforzar la credibilidad del euro en momento que más se parece al de entrada en una recesión que a la salida de un túnel.