La posición española y el calendario político

El diferencial de tipos de interés entre España y Alemania se ha despedido este martes algo por encima de los 350 puntos básicos, uno de sus peores niveles en las últimas semanas. La deuda española a largo está ya por encima del 5,50%, aunque le falta poco para llegar al 6% por el que transita en los últimos días la deuda italiana. Los inversores no se fían de la posición española en vísperas de la cumbre comunitaria de hoy miércoles y parecen anticipar una lectura de cartilla, similar a la que viene escuchando Berlusconi desde hace unas semanas por parte de sus colegas europeos.

La sospecha de que España, en la confusión del cambio de Gobierno, puede presentar cifras de cierre de ejercicio 2011 algo alejadas de los compromisos alcanzados con las autoridades europeas y con el resto de los socios (básicamente, un déficit del 6% del PIB como máximo), está actuando como un factor de castigo adicional a la posición española. En los últimos días, sólo la calamitosa gestión económica de Berlusconi nos está salvando de la quema, aunque es de temer que en cuanto se resuelvan los asuntos pendientes con Italia, las miradas se fijarán en la posición de la economía española habida cuenta de que nuestro déficit anual es superior al italiano y de que la gravedad del nivel de desempleo es bastante más dramática que la italiana, sin contar con el menor potencial de crecimiento que parece tener en estos momentos la economía española respecto a la italiana.

Lo malo es que a España estas vicisitudes nos pillan en pleno tránsito político, quizás a las puertas de una mayoría absoluta, pero todavía con un Gobierno débil y sin pulso, carente de ideas y por supuesto en su momento más bajo de influencia desde que España forma parte del euro. Otro gallo cantaría si España contara a estas alturas con un Gobierno fuerte, surgido de las elecciones generales que Zapatero debió convocar a la vuelta del verano y no en ese lejano 20-N, fecha que tendrá su indudable simbolismo para el jefe del Ejecutivo saliente pero que a efectos de posicionarnos en la negociación para la superación de esta crisis económica europea es un auténtico despropósito. Viendo cada día como Rajoy actúa, a veces sólo y otras a petición del Gobierno o de otras instancias, como avalista del nuevo estado de cosas, cuesta mucho creer que el calendario político español no ha sido realmente nefasto para nuestra posición europea. El autor del diseño de ese calendario, sea Zapatero o quien haya tenido la ocurrencia, ha cometido un soberano error y ha puesto al país en una delicada situación no sólo política sino económica.

Las decisiones que adopten los 27 en esta reunión en la cumbre pueden suponer, en todo caso, la creación de una red de seguridad para España y para la deuda. Pero al día siguiente España tendrá que preguntarse lo que puede hacer un futuro Gobierno – que no estará listo hasta finales de diciembre – no sólo para terminar de sanear lo que ha dejado pendiente el Gobierno Zapatero, que posiblemente será todavía bastante, sobre todo en el terreno de las reformas, sino cómo se puede instrumentar una política económica orientada al crecimiento, única forma que tiene el país de afrontar la reducción del elevado desempleo.

La cumbre de este miércoles no va a otorgar a las estrategias de crecimiento más que un papel secundario, ya que la prioridad es poner orden en las finanzas públicas y en el sistema financiero así como repartir los costes y sentar las bases que permitan afrontar con mejores garantías las futuras crisis. Pero, al margen de esta inevitable tarea de consolidación, lo que tendrá que elaborar la UE, y España como socio más necesitado, es una estrategia de impulso a la economía y a la actividad. España podrá tomar algunas medidas en esa dirección, pero habrá que esperar que la UE se interne por ese camino ya que la economía española poco puede hacer por sí sola sin el acompañamiento de una Europa en crecimiento.