Algunos riesgos de la recapitalización

A los bancos europeos se les exigen de golpe y porrazo unos 108.000 millones de euros de capital nuevo. No es una cifra modesta pero, además, costará un esfuerzo considerable levantarla en pocos meses en vista del grado de incertidumbre que está dominando en los mercados, cuya duración desgraciadamente se presume larga. No hay mucho capital riesgo dispuesto a jugar en las presentes circunstancias.

Además, muchos creen que la actual recapitalización del sector financiero es un procedimiento abusivo, que se han sacado de la manga las autoridades para contribuir a resolver un problema esencialmente público, no privado. La recapitalización, tal y como ha sido planteada, refleja, en este sentido, el riesgo adicional que pueden asumir los inversores al meter su dinero en un sector que no sólo está regulado en demasía en Europa, sino que puede ser objeto de medidas indiscriminadas y hasta abusivas con objeto de resolver problemas que no son derivados de la mala gestión colectiva o individual de la propia banca.

En el caso español, la estimación de los recursos que habrán de obtener adicionalmente los cinco grandes bancos ronda los 3.000 millones de euros. No es una cifra alta ya que está muy por debajo de la media que debería atribuirse a la banca española en Europa, máxime teniendo en cuenta que los capitales de los grandes bancos españoles se mueven en un entorno bastante más amplio que el mero perímetro de la economía española. El peso de la banca española en la zona euro es bastante superior. El peso de la banca española en la demanda de recursos financieros al BCE para financiarse es también superior. Por lo tanto, los grandes bancos españoles no deberían tener grandes problemas para hacer acopio de estos capitales dada la dimensión del dinero a recaudar y el tamaño de los propios bancos.

Pero una de las consecuencias que puede tener este acopio de capital en un entorno tan difícil y en un tiempo tan corto, teniendo en cuenta además la baja rentabilidad que ofrecen las acciones bancarias a los inversores (deterioro de las cotizaciones en los dos últimos años y riesgo de dividendos), es la entrada en escena de forma masiva de inversores institucionales que pueden contribuir a la inestabilidad financiera del sector bancario.

Es un riesgo que podría muy bien ser conjurado mediante la alternativa más sencilla: que los Gobiernos sean los encargados de aportar esos capitales, convirtiendo a la mayor parte de la gran banca europea en banca pública. Este riesgo ha sido puesto de relieve por algunos expertos, entre otras cosas porque en la fase de crisis financiera anterior, la de hace cuatro años, las entradas de dinero en los bancos condujeron a una nacionalización del sector en varios países. La devolución de estas ayudas masivas de dinero, algunas en forma de capital, ha contribuido a frenar el dinamismo crediticio de las entidades. Un riesgo que lógicamente renace bajo las nuevas premisas de participación estatal en la banca europea.

Como algunos Gobiernos estarán muy sensibilizados con esta opción nacionalizadora, los bancos pueden caer en la tentación de buscar capitales en inversores poco convenientes desde el punto de vista de su estabilidad futura. Algunos fondos de capital riesgo o algunos hedge funds no son los mejores compañeros de viaje para la banca europea, en especial si copan posiciones mayoritarias en los capitales de los bancos europeos de primera fila.