Fainé triunfa en Madrid. Rato lo intenta

Fainé y Rato son ahora mismo los dos grandes actores de la escena financiera española, aunque por motivos bien diferentes. Podrían ser la cara y la cruz de un sector convulso y sometido a grandes cambios, la mayoría inéditos. En una primera lectura, quizás inevitable, son protagonistas de una historia de éxito, la de la caja catalana que se ha convertido en uno de los primeros bancos de España, y de una historia al borde del melodrama, la que protagoniza la caja madrileña, institución venida a menos a la que se ha subido un político con escaso pedigrí bancario y no mucha influencia política.

Isidro Fainé protagonizará un hito histórico esta mañana, a mediodía, el inicio de la cotización de CaixaBank (todavía hoy, Criteria, 300.000 accionistas), la primera vez que una caja de ahorros convertida en banco cotiza en Bolsa. Será a las 12,00 horas, en la Plaza de la Lealtad de Madrid, sede histórica de la Bolsa madrileña, simultáneamente a un acto similar que se celebrará en Barcelona. Es, por lo tanto, un acontecimiento singular, siempre con dos pies bien puestos, una vela a Madrid, otra a Cataluña, que refleja bien la vocación bipolar de la institución.

El estreno bursátil de La Caixa es todo un hito en esta institución centenaria que ha sobrevivido con éxito a todos los vaivenes y avatares políticos del país, de Cataluña, de la economía española y del sector financiero, siempre manteniendo un delicado equilibrio entre una ajustada fe nacionalista y una inequívoca vocación internacional, incluso en algunos momentos de ámbito global. No hay que olvidar que en su momento, Caixa llegó a tener, allá por los años 80, el 3% de Deutsche Bank, el banco más importante de Europa, posición que posiblemente tuvo que ceder porque imperativos políticos de mayor envergadura reclamaron el repliegue Hoy tiene una red de participaciones bancarias en varios países (Asia incluida) y no desdeña la posibilidad de reforzar su condición de entidad financiera de ámbito tan global como puedan serlo ya sus dos rivales españoles, Santander y BBVA, para los cuales su negocio español es ya una parte no mayoritaria de su actividad financiera.

A La Caixa le faltan algunas estaciones para este empeño, pero esté en ello. Ha salido bastante bien parada de la crisis financiera y de los quebrantos hipotecarios, una caja que ha sido siempre sinónimo de financiador de compra de pisos. Pero fue la primera que jugó esta baza y lo hizo bien. Otros descubrieron el filón más tarde o incluso mucho más tarde y los resultados a la vista están, ya que recogieron la clientela menos fiable. Lo que para buena parte del sector es en la actualidad una auténtica gangrena, para La Caixa es su principal fortaleza financiera.

Fainé, el hombre fuerte del grupo Caixa desde la retirada de Josep Vilarasau, lleva doce años al frente de la institución financiera e industrial catalana, contando su etapa de director general y de presidente. Por estas fechas de 2011, Fainé ha cumplido 50 años de oficio de banquero, ya que se inició a principios de la década de los años 60 en el Banco Atlántico, banco catalán pero con proyección española, propiedad de gente del Opus. Fainé quería ser químico, pero le liaron para que fuera bancario, sin sospechar que, con los años, acabaría siendo banquero. Duró no mucho en el Atlántico y luego recorrió otros territorios, incluso al otro lado del Atlántico (el océano, se entiende), lo que posiblemente explica el germen de su innata curiosidad por los asuntos globales. Luego volvió a ser bancario y más tarde banquero en Cataluña, en España y más tarde de nuevo en Cataluña, aunque para entonces La Caixa ya había dado el golpe magistral de la mano de Josep Vilarasau, verdadero artífice de la pérdida del monocolor catalanista de la institución, que hoy tiene más del 70% de su negocio fuera de Cataluña, incluyendo una amplia red de oficinas que la convierten en primera institución bancaria en algunas Autonomías españolas o, cuando menos, en la segunda.

La Caixa nunca fue el instrumento financiero de la Generalitat. Lo pretendió Jordi Pujol (y después algunos otros, cada vez con menor acierto), pero fracasó dramáticamente en el empeño, por lo que el político nacionalista centró sus ojos en Banca Catalana, que ya sabemos cómo terminó, a base de “hacer país”. La Caixa ha hecho bastante más país que el que pretendía Pujol, con Banca Catalana y, además, es una institución financiera de ámbito nacional e internacional, que inaugura la era de los bancos-cajas. Será posiblemente la única alegría que el sector financiero español va a proporcionar a los inversores en esta fase de reconversión porque lo que viene detrás (Bankia, Banca Cívica, CAM, Mare Nostrum, Novacaixagalicia,…) son aventuras inciertas y notoriamente dificultosas.