La mayor caída del año

Este 23 de junio se cumplían  siete meses desde que el Ibex 35 registró su mayor caída de los últimos meses, un 3,05% (23 de noviembre que, acumulado con el del día anterior, superó el 5,6% en dos jornadas, con la prima de riesgo cerca de los 240 puntos básicos,  récord en su momento), provocada aquellos días por la crisis de Irlanda (el segundo país en la lista de los “enfermos” de la UE que entraba en riesgo de quiebra) y la suposición de que  problemas similares a los de Grecia e Irlanda serían pronto cosa común para Portugal y España. De momento, sólo lo de Portugal ha adquirido carta de naturaleza. Lo de España está por ver.

Hay muchos argumentos que dicen que España nada tiene que ver con los tres “tenores” periféricos que ya han cantado sus problemas, pero lo cierto es que los mercados no están tan convencidos. Lo de Grecia sigue sin resolver, Europa está dividida, tanto o más que el propio país heleno, y  la situación económica general se está poniendo cada vez más oscura. La caída del Ibex 35 este jueves es, en todo caso, la mayor del año, ya que el 2,77% no se había visto desde noviembre del año 2010. También  se ha situado en zona de  récord la prima de riesgo, ese termómetro que tanto teme Zapatero, y que este jueves se ha colocado en el entorno de los 280 puntos básicos.

Hay hipótesis, sin embargo, que matizan la procedencia de nuestro desamparo, que no estaría tanto motivado por el irresuelto problema griego como por la cada vez más caótica situación de la política española, que no tiene nada que envidiar a la griega. Lo cierto es que este jueves el Ibex 35 ha sido, con cierta diferencia, el peor índice europeo, lo que en alguna medida tiene mucho que ver con el hecho de que los grandes bancos españoles se hayan hundido literalmente en Bolsa, con  sonadas caídas, ya que BBVA perdió un 5,46% y Santander un 4,79%.

A su vez, lo de BBVA tiene algo que ver con la acogida  poco favorable que los inversores han deparado a la decisión de la entidad de anticipar la conversión de bonos en acciones para reforzar el capital de forma inmediata en 2.000 millones de euros, con lo que anticipa una medida que la futura normativa de Basilea III contemplaba, ya que no consideraba capital del mejor nivel a los bonos obligatoriamente convertibles. Como la emisión del banco estipulaba en sus condiciones que estos bonos a cinco años (cuatro de vida residual) podrían ser convertidos de forma inmediata cuando el emisor lo decidiera, este ha optado por hacer ya, el 15 de julio. Es legal, pero ha pillado por sorpresa a algunos inversores, que tenían bonos con tipo fijo y que ahora tienen acciones, aunque en principio, y tal y como están ahora las cosas,  cobrarán más vía dividendo que cupón. Pero la cosa no ha gustado a un sector, de ahí el castigo.

La abrupta caída del índice selectivo bursátil superó  de largo la de nuestros colegas europeos, lo que significa que hay un castigo adicional de los inversores en lo que atañe a la situación española. Una de las razones puede ser la convicción de que sin arreglo en Grecia, nuestro grado de vulnerabilidad puede llevarnos a una situación bastante  comprometida. Si es demostrable que hay diferencias entre España y los tres países periféricos con planes de rescate, también lo es el hecho de que los mercados nos sitúan como el siguiente eslabón de la crisis del euro.

La  insólita peripecia de la peripecia parlamentaria de la nueva negociación colectiva, cuyo nuevo texto legal implica algún avance junto a retrocesos destacados, ha debido dejar perplejos a muchos observadores. La reforma del mercado laboral era exigencia indispensable para nuestra incorporación al núcleo de países europeos no periféricos. Del debate de estos día sen el Congreso parece haber salido una normativa laboral más engorrosa y perjudicial para la exigible flexibilidad en la negociación colectiva, ya que hasta  las autoridades autonómicas van a tener ahora capacidad de decisión en los convenios, cuando hasta la fecha no estaban ni siquiera invitados. La precariedad de Zapatero para aprobar leyes en el Congreso ha puesto en manos de los partidos  nacionalistas minoritarios, cuyo voto es imprescindible para  crear o tolerar mayorías parlamentarias,  mecanismos de poder con los que ni siquiera contaban. Y esto está haciendo mella también en  la credibilidad de este Gobierno para sacar al país de la crisis.