El contagio, una forma de riesgo

Lo ha dicho con claridad el Banco Central Europeo en un reciente informe, el principal riesgo de la Eurozona en estos momentos es el del contagio, un riesgo tan real como puede serlo el diferencial de tipos de interés, que ha escalado de nuevo, en el caso español, hasta los 2,75 puntos, encareciendo la financiación del Estado hasta niveles bastante perjudiciales para un país del euro. Los tipos a largo españoles estaban este jueves en torno al 5,7% y en Alemania ligeramente por debajo del 3%, una diferencia que puede parecer desorbitada y que lo era de haberse dado hace cuatro o cinco años, cuando a España le prestaban dinero a largo plazo a tipos ligeramente más bajos que a Alemania, es decir, cuando nuestro diferencial con Alemania era negativo, porque España era un riesgo para los inversores internacionales mucho más digerible que el alemán, que estaba todavía digiriendo la reunificación del país. España estaba con superávit fiscal, hecho insólito en la Unión Europea, y con un nivel de deuda que era la envidia de toda la Unión. Luego vino Zapatero y empezó a firmar cheques a diestro y siniestro y nos ha metido en el sendero del déficit irresponsable.

Las cosas han cambiado de forma tan radical que ahora mismo pocos dan por cierto que el diferencial de tipos no vaya a subir incluso por encima de los tres puntos. Todo depende del plan de rescate de Grecia. Hay una sensación bastante extendida que da por cierto que este país está en quiebra, es decir, que no podrá devolver nunca, por muchas facilidades que se le concedan, su enorme deuda, que además ha de estar financiando en estos momentos a tipos de interés prohibitivos. Por lo tanto, el caso de Grecia es el de un deudor miembro de un club al que hay que salvar para evitar que el club en conjunto se hunda, en especial los socios que tienen un grado de vulnerabilidad más próximo al quebrado, caso de España. Mientras dure el calvario griego, la situación española no se ha a arreglar ya que está alimentando la duda sobre el grado de compromiso de la UE con Grecia.

Pero los mercados y los inversores dan por supuesto que a Grecia no se la va a dejar en la estacada. Que antes o después, la factura griega será pagada a escote entre los demás países de la zona. Lo que se discute ahora mismo es el reparto y la forma de ir dando dinero al moribundo con cuentagotas. Lo último que se sabe es que la solución puede adoptarse a mediados del mes de julio, pero nada está claro, ya que otras fuentes dicen que se dejará todo para septiembre. Alemania está retrasando la solución ya que no es ningún secreto que deberá ser el mayor contribuyente en la factura colectiva. Juega a favor del resto de los socios el hecho de que un desmoronamiento del euro y de la Unión Monetaria, que sería mal asunto para todos, lo será también, y quizás más que para ninguno, para Alemania.

De modo que este país se encuentra en un auténtico callejón sin salida. Trata, por ello, de promover un reparto de la factura lo más equitativo posible para sus intereses, por ejemplo involucrando a los bancos privados en el plan de saneamiento griego. Este asunto causa pavor en Francia, cuyos bancos tienen las mayores dosis de deuda griega en sus carteras. Nadie se salva en Europa, pero la banca francesa parece seriamente comprometida en esta crisis. De hecho, la agencia Moody’s ya se ha adelantado a poner en cuarentena la calificación de algunos bancos del vecino país, precisamente por su alto compromiso en Grecia. Una crisis griega incontrolable podría llevarse por delante algún banco francés, de ahí la posición sumamente moderada que está teniendo Francia en todo este problema.