El excesivo retraso de las reformas

Los últimos retoques a la nueva legislación sobre negociación colectiva han tratado de reequilibrar el contenido de la reforma, que inicialmente parecía  algo sesgada a favor de las posiciones sindicales, poniendo por ello en dificultades el éxito de la reforma, un éxito que fervientemente  desea todo el país, sin distinción de colores ni intereses. Se abre ahora un paréntesis desgraciadamente dilatado, la larga discusión parlamentaria, de donde puede salir un texto políticamente más correcto, pero se habrá perdido un tiempo importante que habría dado oportunidad al país de salir bastante antes de la crisis económica con una economía mejor ordenada.

Está claro que todos queremos que el empleo empiece a resurgir en el país y que la economía avance y para ello hay poner los medios necesarios, además de solventar los obstáculos. Con la reforma de la negociación colectiva se trata de afrontar esta  última cuestión, la de remover obstáculos. Pero ello por sí sólo no sirve para crear empleo: sólo para frenar su deterioro cuando  las condiciones económicas son menos favorables.

Por desgracia,  hoy por hoy no existen las condiciones adecuadas para la creación de empleo. No hay actividad, no hay demanda interior, el consumo está sumamente deprimido, la gente se preocupa de desendeudarse antes que de gastar y mucho menos de invertir, la exportación crece pero no lo suficiente, no hay inversión nueva, no sólo privada sino ni siquiera pública, no hay tampoco inversión extranjera, no hay confianza,… Las carencias de la economía son de tal calibre que achacar a la falta de un marco adecuado, moderno y flexible  para las relaciones laborales  una parte importante de la culpa de nuestra paralización económica  parece claramente desenfocar el problema.

Al fin y al cabo, la larga fase de expansión económica que vivió el país hasta hace tres años no se vio cercenada por el marco legal  para las relaciones laborales entonces existente.  Más aún, la entrada del país en recesión poco tuvo que ver con la existencia de un marco poco laboral adecuado.

Sin embargo, la profundidad que ha alcanzado la crisis económica en España, su profundidad sobre todo en el aspecto social, de deterioro del empleo más allá de lo que el país conocía de anteriores experiencias,  ha sido excesiva y desde luego muy superior a la de los países de nuestro entorno. Y en ese aspecto, haber contado con unos mecanismos de relaciones laborales más apropiados habría minimizado el alcance económico y social de la crisis y, sobre todo, habría permitido una más pronta salida de la misma. Es lo que tiene la falta de flexibilidad en la legislación laboral. Carente de la necesaria flexibilidad para ajustarse a los momentos de crisis, las empresas terminan por entrar en crisis de muy larga duración y difícil remedio.

Esa diferencia con los países de nuestro entorno, en  donde el marco de relaciones laborales es bastante más moderno y acorde con las exigencias de economías abiertas y competitivas,  es lo que ha convertido en más urgente y necesario el cambio de legislación laboral española, ya que las empresas han de ser competitivas frente a las de los países de nuestro entorno e incluso frente a las de los países emergentes, que en estos últimos años se han incorporado de forma agresiva a la competencia internacional, utilizando unas reglas de juego que resultan  bastante más favorecedoras de la competitividad que las españolas.