La Sanidad, ¿es insostenible?

El gasto español en Sanidad se ha situado en las últimas semanas en el centro de atención de algunos políticos, particularmente en Cataluña, en donde el debate sobre el exceso del gasto público ha detectado en la sanidad y en la educación, sobre todo en la primera, un nivel de gasto que algunos políticos consideran “inasumible” e “insostenible”.

La cruzada contra el gasto público que recorre Europa está generando algunos tipos de planteamientos cuando menos pintorescos, en especial en un país como España en el que, puestos a fijar prioridades, no se entiende muy bien por qué la Sanidad es precisamente la primera diana, olvidando docenas de tipos de gasto que la sociedad española no reclama a pesar de que sean muy del aprecio de la clase dirigente. ¿Por qué nadie se ocupa, por decir algo, de barrer para el ahorro los cientos de millones malgastados en televisiones públicas que nada aportan al ciudadano medio, atiborrado de “opciones” televisivas, y que sólo se justifican como instrumento de propaganda, y desde luego de gasto de escasa utilidad, al servicio del grupo gobernante en cada Autonomía? Un sentido un poco más crítico de la realidad y de las necesidades de los ciudadanos debería jerarquizar mejor los capítulos del gasto público que deberían ser objeto de poda preferente.

Lo cierto es que en esa criba de gastos considerados insostenibles, parece que la Sanidad va a ocupar el primero de los sacrificios. Desde luego, por cifras, la Sanidad es un capítulo de primera importancia, pero ello no justifica que sea objeto de una rebaja generalizada e indiscriminada. España en conjunto se gasta en Sanidad una buena cifra, nada menos que 82.000 millones de euros en el último ejercicio del que se tiene una información completa y consolidada, comprensiva tanto del gasto sanitario público (unos 58.500 millones de euros) como del privado.

Pues bien, el gasto sanitario total (que incluye servicios hospitalarios, atención primaria y medicinas, de los cuales el primer capítulo representa el 54% del total) representa el 8,4% del PIB, según evaluaciones de organismos internacionales que realizaron la última muestra comparativa en el año 2006. Ese 8,4% del PIB en España se queda bastante por debajo del 11% que gasta Francia y del 10,6% de Alemania y representa menos que el gasto medio en el conjunto de la Unión Europea (9,6% del PIB), aunque dada la ligera heterogeneidad del bloque político y económico que forma la UE, las comparaciones deberían ajustarse más bien con relación a países concretos que al conjunto de la zona.

Lo cierto es que la Sanidad española ya representa el mismo peso en relación con el conjunto de la economía que en el caso de Gran Bretaña. Estamos, por lo tanto, y tomando cifras muy agregadas, en una posición que en absoluto cabría calificar de improcedente y quizás tampoco de insostenible. Es más, dada la pirámide poblacional española y el avance del grado de envejecimiento de la población, las necesidades en este apartado tienden a aumentar y en consecuencia, al existir un cierto automatismo entre necesidades reales y gastos generados en el sistema sanitario, es bastante probable que el peso de la Sanidad en el PIB vaya en aumento en los próximos años. Otra cosa es que el país apueste de forma decidida por una opción mixta, en la que la asistencia sanitaria privada (que de hecho ya representa el 25% en algunas zonas de España) tenga una aportación real y significativa.

Todos los políticos que se han pronunciado sobre el problema en los últimos días han descartado, sin que casi nadie lo hubiera propuesto realmente, el copago sanitario, es decir, el cobro de un determinado porcentaje del gasto en el que se incurre en la asistencia hospitalaria o sanitaria, además de profundizar un poco más en el copago de las medicinas. Nadie quiere ponerle el cascabel al gato. Pero la exigencia de un cierto desembolso a los usuarios de la Sanidad puede generar, por sí sólo, un apreciable ahorro de consumo de servicios sanitarios y de medicinas, al actuar el pago parcial de ambos como un mecanismo de disuasión, sobre todo en aquellos casos en los que la necesidad real de tales servicios o consumos es bastante débil. Las estadísticas comparativas suelen decir que en España la gente va mucho al médico, muchas veces sin motivo real, lo que está recargando de costes innecesarios al sistema.

La búsqueda de prioridades políticas más sensatas es, en todo caso, una vía que habría que explorar antes de entrar a saco en el corte, posiblemente indiscriminado, del gasto en Sanidad.