El exceso de la economía sumergida

Si la economía sumergida no existiera, la carga fiscal media que soportamos los españoles podría ser 4 puntos sobre el PIB oficial más baja. No está mal. Es la conclusión a la que llegan varios estudiosos de Funcas, la Fundación de las cajas, en un meritorio ensayo sobre el alcance de la economía denominada “sumergida” en España. Es decir, la economía de quienes se mueven en el mundo del “dinero negro”, sin declaración fiscal alguna ni facturas ni transparencia. Esa rebaja de 4 puntos que podría obtener la economía oficial si la sumergida no existiera (que no deja de ser un supuesto bastante teórico) es un buen argumento para contrarrestar esa tolerancia que se tiene en nuestro país hacia las personas y actividades que engrosan este tipo de economía. También es una forma de señalar cuáles son los límites en las políticas de subidas de impuestos, que muchas veces son desencadenantes de fenómenos perniciosos más que de incrementos en la recaudación fiscal, que acaban pagando siempre los mismos.

El estudio de Funcas es posiblemente el más ambicioso por la metodología empleada de cuantos han intentado en los últimos años evaluar el alcance y profundidad de la economía oculta en España. Los autores han utilizado tres metodologías diferentes para aproximarse a una cuantificación del fenómeno y encuentran bastantes similitudes entre los resultados de estos tres métodos de estimación. La resultante señala que en España existe entre un 20% y un 23,7% de economía sumergida, según la evaluación media de los años comprendidos entre 2005 y 2008.

Los autores subrayan dos cosas: por un lado, el tamaño de la economía sumergida se ha multiplicado por cuatro respecto al año 1980 (periodo durante el cual el PIB español oficial se multiplicó por dos) y, por otro, este exceso de crecimiento de la economía sumergida es atribuible – dicen los autores – en gran medida a motivos fiscales. A su juicio, durante estos últimos años se ha producido una elevación sustancial de la presión fiscal en España que ha incentivado notablemente la realización de actividades económicas al margen de los canales que marca la legislación vigente.

La conclusión de estos analistas choca con otras valoraciones que vienen a sostener en cierto modo lo contrario: si se dedicasen medios suficientes para luchar contra el fenómeno de la economía sumergida, el aumento de la recaudación podría conducir prácticamente a un equilibrio fiscal. Es una conclusión posiblemente exagerada pero, además, olvida otros aspectos no menos importantes como la capacidad de los expertos en moverse en los circuitos de la economía sumergida para buscar mecanismos que eludan la acción de las Administraciones Públicas.

En todo caso, la actividad sumergida parece que es equivalente, según las estimaciones de estos últimos años, a una pérdida de recaudación fiscal que ronda el 5,6% del PIB, mientras el déficit público español ha sido estos años superior, incluso del doble. Pero sí que resultaría equivalente al déficit previsto para este año, por ejemplo, con un 6% de previsión-objetivo. En condiciones normales, el déficit fiscal español debería estar en torno al 3% del PIB, lo que significa que si todo el mundo pagara sus impuestos este sería un país con superávit permanente.

La experiencia de los muchos intentos de persecución del fraude fiscal y de los resultados de las campañas que periódicamente anuncian a bombo y platillo los responsables de Hacienda no han logrado, como se puede ver por los resultados, erradicar la “cultura” de los evasores fiscales sino que la presencia de estos últimos se ha ensanchado con el paso de los años. Quizás el hecho de que la actividad inmobiliaria y constructora, en donde hay algunas áreas que parecen bastante proclives a la utilización del “dinero negro”, haya sido una de las señas de identidad del progreso económico español de los últimos años, explique este fuerte incremento de la economía sumergida en una etapa de fuerte crecimiento. Se creía que había una relación inversa entre aumento de la economía sumergida y recesión económica. Estos últimos años parecen haber descubierto que esta teoría es poco consistente.