El déficit autonómico se agrava

Han pasado ya las elecciones parcialmente autonómicas y locales y ya tenemos la primera sorpresa: el déficit de las Autonomías a finales de marzo ha sido de 5.000 millones de euros. Parece que el esfuerzo de austeridad que se les pedía a los entes autonómicos no se está aplicando. De todas formas, no es tarde, hay tiempo para rectificar y además han pasado las elecciones, lo que significa que los responsables de las grandes organizaciones políticas han estado callados, han procurado no hablar para nada de recortes y se han dedicado al improductivo deporte de hacer promesas cuando los presupuestos se tienen que reducir de forma desconocida hasta la fecha por su intensidad y, sobre todo, porque hace muchos años que los gobernantes de las Autonomías viven bajo el sueño de una prosperidad sin límites, que les ha conducido a aumentos anuales de los gastos año tras año sin interrupción.

Ahora ya no puede seguir la dinámica alcista, lo de gastar más cada año, sobre todo en las materias que son más propias de las Autonomías (Sanidad y Educación), pero además hay que meter la tijera en profundidad. Mal asunto para los partidos que han ganado estas últimas elecciones autonómicas, en especial para aquellos que llegan de nuevas al poder y que se encontrarán no sólo con las arcas vacías sino con la exigencia de recortar aún más los capítulos del gasto.

El cumplimiento de los objetivos de deuda por parte de las autonomías es parte esencial del compromiso adquirido por el Gobierno español con Bruselas, consistente en reducir el déficit público este año al 6% del PIB. Las primeras impresiones que han tenido en Bruselas al ver el curso de la economía no han sido buenas y ya están preparados para un cierto grado de incumplimiento. Pero tal y como están manejando sus cifras y sus políticas de gasto las Autonomías, las previsiones pueden ir a peor. En estos momentos, sólo el Ministerio de Economía parece tener algún grado de confianza en que los objetivos se van a cumplir.

Pero Elena Salgado tendrá que emplearse a fondo para conseguirlo, con la particularidad de que el Consejo Fiscal le resulta ahora bastante más hostil que antes de las elecciones, dada la amplia mayoría de Autonomías no gobernadas por correligionarios socialistas. Una vez en el poder, si gana las generales y gobierna la nación, al PP le queda una buena tarea de restauración de la disciplina fiscal y de puesta en marcha de unos mecanismos más exigentes. Este martes ha sido un socialista, Joaquín Leguina, comisario europeo, quien ha sacado a la luz la necesidad de implantar por ley un mecanismo más fiable y exigente con las cuentas autonómicas, de forma que los límites del gasto sean de obligado cumplimiento.

La deuda autonómica, que ya supera el 10% del PIB, tiene que reducir si ritmo de crecimiento este año en el que se han establecido límites a cada Autonomía del 1,3% de su PIB. El primer ente en salir a la palestra con sus cifras ha sido la Generalitat de Cataluña, que prevé un déficit del 2,6% del PIB, es decir, justo el doble del fijado por el Ministerio de Economía. ¿Cómo obligar a las Autonomías díscolas a colocar sus números dentro de un orden que no nos ponga contra las cuerdas en los mercados internacionales?

La titular de Economía ya ha dicho que cortará toda posibilidad de aumento de la deuda y de lanzar emisiones. Las Autonomías cuentan, sin embargo, con algún margen de maniobra autóctono, como han demostrado en los últimos meses, tanto mediante el recurso a endeudamiento con las entidades financieras (ahora, las cajas ya no son tan dóciles como en el pasado, sobre todo porque no tienen dinero disponible para el crédito) como por la vía de emisiones de deuda colocadas entre el público, lo que se ha denominado los “bonos patrióticos”. Esta primavera ha sido prolífica en emisiones autonómicas, empezando por Cataluña. Pero este recurso puede acabar por convertirse en inservible, por hastío del ahorro. Los particulares no están para muchas alegrías y menos aún si saben que están financiando a entidades con solvencia escasa y decreciente. Y que además hacen poco caso a las recomendaciones del Gobierno central (ahora socialista, quizás en 2012 de otro color) que les conmina a reducir gastos, ya que no hay margen alguno para incrementar los ingresos y, por lo tanto, el camino del recorte del déficit sólo tiene una dirección, gastar cada vez menos.