Alemania confirma el entierro nuclear

Alemania acaba de firmar la que puede ser sentencia definitiva de muerte de la energía nuclear. Una decisión histórica la que adoptó este domingo el Gobierno que preside Angela Merkel, refrendando una decisión menor (no aumentar la vida de las nucleares), adoptada por el anterior canciller de Alemania, Schröeder, en el año 2002. En Alemania, las grandes fuerzas políticas son ya decididamente anti nucleares, de modo que el consenso es suficientemente amplio para que de aquí a 10 años ninguna de las 17 centrales nucleares que existen (algunas ya paradas) pueda seguir vertiendo kilovatios a la red.

Los accidentes de Fukushima en Japón han sido el acontecimiento que ha facilitado este espectacular giro en los conservadores alemanes, que así creen recuperar posibilidades para la próxima cita electoral dentro de dos años. Los Verdes alemanes han construido su programa electoral siempre sobre la base del rechazo a la energía atómica. Ahora, la señora Merkel les ha quitado uno de sus principales argumentos.

La batalla contra la energía nuclear tiene, de todas formas, algunos escollos de notable importancia. Uno de ellos, no menor, es el hecho de que Francia es uno de los defensores a ultranza de esta energía, al ser el segundo país del mundo con más reactores operativos, 58 en la actualidad (23 emplazamientos o centrales), detrás de Estados Unidos, que supera el centenar.

Francia y Alemania comparten frontera y además comparten muchos kilovatios, ya que una parte de la demanda alemana de electricidad la cubren las centrales del vecino país. Francia cubre el 80% de sus necesidades eléctricas con la energía procedente del átomo. Hace casi 20 años que Francia no pone en marcha una central nuclear, desde el año 1993. Los esfuerzos de cobertura de las nuevas necesidades han sido cubiertos por otros medios, como energías alternativas o plantas de gas natural. Si Alemania deja de fabricar kilovatios nucleares quedará en manos de Francia de forma completa en lo eléctrico, a no ser que impulse de forma decidida, y mediante inversiones masivas, el desarrollo de fuentes alternativas de producción eléctrica. El impulso que se pretende dar al nuevo reactor nuclear de fusión, que marcaría el relevo de las actuales centrales de fisión nuclear, va posiblemente para largo a pesar de las importantes inversiones que se están llevando a cabo.

El otro escollo considerable es el tratamiento de la impresionante contaminación que causan las otras centrales productoras de electricidad en el mundo, especialmente las que consumen carbón y petróleo y, en menor medida, gas natural. La energía nuclear es limpia para la atmósfera en condiciones normales, sin averías de gran alcance, que sólo se han producido en contadas ocasiones. La emisión de gases del resto de las centrales convencionales, en especial las que queman combustibles fósiles, ha sido identificada como uno de los grandes peligros de la Humanidad.

Lo nuclear servía en teoría para minimizar la contaminación del resto de las centrales convencionales. Si la industria nuclear es desterrada al mundo del olvido, está claro que las necesidades energéticas (crecientes debido al impulso económico de las economías emergentes) habrán de ser cubiertas con mayor esfuerzo de inversión en las otras energías. En las convencionales existen pocas expectativas de crecimiento, no sólo porque la contaminación es un mal a reducir, sino porque los combustibles fósiles están en fase de agotamiento y, además, son cada vez más perniciosos para la contaminación debido a que los yacimientos se enfrentan a la extracción de las zonas más residuales, las de más elevado coste y menor capacidad energética. Sólo queda apostar de forma decidida por las energías alternativas, básicamente la eólica (con sus evidentes limitaciones de disponibilidad de viento) y la solar, esta última todavía con eficiencia escasa, ya que la tecnología no ha sido capaz hasta el momento de convertir a los paneles solares en una fuente energética segura, barata y abundante, a pesar de la inmensa fuente de alimentación, el Sol.

Es preciso, en suma, encontrarle un sustituto a la energía nuclear si países líderes como Alemania le dan la espalda. Su decisión tendrá consecuencias muy serias para el futuro de la energía.