Atasco político…y económico

El Gobierno vuelve a estar atascado en cuestiones económicas, se le ha paralizado la máquina de tomar medidas, de dar confianza a los mercados (no olvidemos, por poco que nos guste, que el 55% de la Deuda Pública está ya en manos de no residentes, sin contar con la deuda del sector privado y de las Comunidades Autónomas), de desbrozar el camino de obstáculos. La ocupación del momento, la que acapara las horas y los debates, es el relevo de Zapatero, con congreso o con primarias o como sea. Pero, por las apariencias, es el asunto que absorbe toda la atención de los gobernantes y tiene visos de durar unos cuantos meses. Es un problema, en fin, que a la inmensa mayoría de los españoles les preocupa, más allá de la lógica curiosidad, bastante poco y las afecta menos aún, ya que de ese proceso de selección no parece que vaya a salir ninguna lumbrera que nos resuelva de un plumazo nuestros problemas económicos. Más aún, de la batalla política socialista actual lo que va a salir es un dirigente que, con los debidos respetos, tiene pocas posibilidades de gobernar en el país a partir de las próximas elecciones, que si nadie lo remedia habrán de esperar aún hasta la primavera del año próximo, sin miramiento alguno con los necesarios cuidados que requiere la economía.

El hecho empieza a impacientar de nuevo a nuestros socios europeos coincidiendo con unos días en los que la prima de riesgo parece haberse aliviado un poco. Pero el hecho de que la economía española no sea capaz de cumplir con sus compromisos y que ello dependa de la pasividad de los gobernantes es algo que preocupa sobremanera a algunos dirigentes comunitarios. Al fin y a la postre, España no es el único país de la Eurozona que vive agobiado por los problemas políticos internos. Qué decir de Bélgica o de Italia o de la misma Francia, en previa de elecciones presidenciales. O en Alemania, en donde la señora Merkel está viendo cómo su amplia mayoría social se le está diluyendo. Y no digamos de Portugal o de Grecia, sumidos en serios conflictos internos. Sin embargo, en la mayoría de estos países no se ha dejado de gobernar, a la inversa de lo que sucede en España, en donde los resultados electorales parecen haber agotado la capacidad laboral de los dirigentes, ocupados únicamente en salvar su personal posición.

Pero no sería justo aprovechar el mal momento político del Gobierno para echarle toda la culpa. Patronal y sindicatos siguen erre que erre, semana tras semana, alargando unas conversaciones para parir una reforma laboral que viene reclamando todo el mundo desde tiempo inmemorial y que ahora, con casi 5 millones de parados, deja pocos márgenes para la duda. No es necesaria, resulta sencillamente imprescindible. Los casi 5 millones de parados no están, por desgracia, sentados a la mesa de las conversaciones, una mesa con sólo tres interlocutores, todos ellos con empleo y sin urgencia alguna para llegar a fin de mes. ¿No se podría sentar a la mesa a algún parado para que comparta y haga partícipes a los reunidos de las urgencias y las necesidades de ese colectivo, el mayor del país, que no tiene representación alguna, ya que los sindicatos hace tiempo que optaron por fijar como prioridad la defensa del empleo ya existente, blindando al máximo posible su pérdida, con los negativos resultados que estamos viendo a través de ERE’s y otras vías?

Ahora mismo, desde fuera llegan tres reclamos apremiantes y urgentes: que demos credibilidad al cumplimiento del objetivo del déficit público tanto para este año como para el próximo, que saquemos adelante ya mismo una reforma laboral que facilite la creación de empleo y que expliquemos con detalle y más allá de toda sospecha de ocultación que las cuentas autonómicas no esconden sorpresas ingratas sino que están perfectamente coordinadas y conforme a los compromisos pactados en el Consejo de Política Fiscal, en donde, por cierto, el Gobierno se ha quedado prácticamente sin apoyos dada la avalancha de autonomías que acaban de cambiar de bando en las últimas elecciones, aunque sí han entrado en la esfera del partido conservador quizás no tengan más remedio que dar por buenos los objetivos de control del gasto.