Un euro fuera de lógica

La demora de la Reserva Federal en subir los tipos de interés, a pesar de que las amenazas inflacionistas no son mucho mejores que las europeas, ha dejado al Banco Central Europeo en una incómoda posición. Es, de momento, el único de los grandes bancos centrales del mundo desarrollado (China tiene otras exigencias) que se ha lanzado a la carrera alcista en las tasas de interés. La resultante, que ya se estaba viendo venir desde hace más de dos semanas, ha sido un nuevo escalonamiento del valor del euro, que ya gana al dólar en un 12% desde que comenzó el año.

Una diferencia de tanta envergadura en tan breve espacio de tiempo, apenas cuatro meses escasos, es demasiado acusada como para que pase desapercibida por los agentes económicos. Con un dólar por los suelos y un euro encaramado en el absurdo, la recuperación de la economía europea afronta serios desafíos, se queda con pocos argumentos y amenaza con encallar, máxime cuando la zona euro se está tomando bastante más en serio que Estados Unidos el retorno a la ortodoxia fiscal, con toda la carga que ello conlleva de freno al crecimiento económico en los países que están embarcados en delicados problemas de ajuste (caso de España), con problemas serios para estimular sus economías.

Por lo tanto, la ayuda que la exportación puede deparar en estas circunstancias a las economías europeas es bastante limitada. Quizás no lo sea tanto en el caso de países con sólidas bases exportadoras, como Alemania, pero es bastante desfavorable para economías que pelean, como es el caso de la española, en los mercados internacionales euro a euro, con diferenciales escasos frente a sus competidores. Un euro disparado a las alturas no sólo será perjudicial para la recuperación económica europea, sobre todo para países con sectores exportadores de estructura frágil, sino que amenaza con generar corrientes comerciales desfavorables para algunas zonas del mundo, no sólo Europa, sino algunos mercados emergentes, que estaban siendo el motor de la economía global.

Además, la debilidad del dólar está acelerando el precio de algunos activos internacionales, ya que hay muchos inversores y agentes económicos que están desplazando sus recursos fuera del dólar para refugiarse en activos con mayor apariencia de solidez, como es el caso del oro, que ya ha superado la barrera de los 1.500 dólares. El precio del petróleo, muy sensible también a las variaciones del dólar, sigue acumulando subidas y se mueve ya por encima de los 120 dólares por barril, un precio que está muy por encima de las previsiones que se habían estado manejando en los Gobiernos europeos (el español, entre otros) para formular sus previsiones económicas del año en curso.

El imprevisto desapego entre el valor del euro y el del dólar no estaba en las previsiones generalmente más utilizadas por los expertos y descuadra muchas previsiones que manejan las empresas para su actividad en estos momentos en los que el ciclo económico parecía despuntar al alza y los mercados internacionales estaban ofreciendo una alternativa cada vez más firme de crecimiento. Se podría decir que la reacción de los tipos de cambio a las políticas monetarias de los diversos protagonistas de la economía global ha sido no sólo inesperada sino desmesurada. Pero es un hecho con el que hay que contar y que, por el momento, no pinta bien para las economías europeas, incluida desde luego la española.