La Fed sigue alimentando la máquina

La expectación que estos días se ha ido acumulando en relación con los próximos pasos de la Reserva Federal de EE.UU. parece que se decanta por la continuidad hasta el próximo mes de junio. La decisión adoptada este miércoles por los rectores del banco central estadounidense, dejando los tipos de interés en mínimos históricos, da por ello nuevas alas a la expansión monetaria, a las políticas de bajos tipos de interés, al hundimiento del dólar y, todo ello, arropado con una derivada posiblemente cierta, la expansión cada vez más consolidada de la mayor economía del mundo, que se encamina hacia una tasa de paro, bajando, del 8% de la población en fecha quizás próxima, y hacia una recuperación muy gradual de los grandes desequilibrios que la economía estadounidense ha ido generando en estos últimos tres años, sobre todo en materia de déficit público, el gran cáncer que Obama no sabe cómo resolver y por el que está recibiendo todo tipo de críticas desde los organismos internacionales. También desde las instancias políticas y legislativas internas.

Por todo ello, más que la estrategia de la Reserva Federal, lo que importa es la política económica que desarrolle el actual presidente, embarcado en el inicio de una campaña para las próximas elecciones presidenciales, que no parece dejarle mucho margen de maniobra. Sobre todo porque el nivel de aceptación del presidente es anormalmente bajo si aspira a renovar su mandato en la Casa Blanca por otros cuatro años. Las encuestas ofrecen resultados muy decepcionantes y Obama no tiene ases en la manga para salir airoso del trance.

El Gobierno de Obama tiene que implementar medidas fiscales mucho más tajantes que las adoptadas hasta la fecha, ya que el déficit público, muy superior al que resultaría escandaloso para los baremos de la Unión Europea, es una auténtica amenaza para consolidar la recuperación por su impacto creciente sobre los tipos de interés. De poco valdrá mantener una política de tipos oficiales bajos si el creciente grado de desconfianza hacia los bonos emitidos por el Tesoro de EE.UU. acelera el racionamiento del crédito y pone en crecientes dificultades la financiación de un déficit tan gigantesco como el que padece este país. Es oportuno recordar que las agencias de calificación, que tanto se han esmerado en rebajar la consideración pública de los bonos emitidos por algunos países europeos, entre ellos España, parecen ya bastante sensibles hacia los problemas de dos de sus clientes hasta ahora intocables, Japón y Estados Unidos. A Japón acaban de lanzarle la primara advertencia en este sentido este mismo miércoles. A Estados Unidos también le han insinuado hace unas semanas que la calificación de su deuda está en trance de ser sometida a una severa revisión, que tendría efectos muy graves para la economía de Estados Unidos y posiblemente para la economía mundial. Una rebaja de la calificación de la deuda de Estados Unidos es hoy menos impensable que hace unos meses.

La crisis de la deuda soberana que ha vivido, y que está aún viviendo la zona euro, puede ser un precedente en el que tenga que mirarse en los próximos años (quizás en los próximos meses) la mayor economía del mundo, ya que los recursos destinados a insuflar estímulos económicos a la vida económica estadounidense han reventado literalmente el equilibrio presupuestario, dinamitado la imagen de solvencia de los bonos del Tesoro y colocado en una situación de compleja rectificación a la política presupuestaria y también a la política monetaria, esta última dependiente de la Reserva Federal. ¿Hasta cuándo la Fed será un aliado fiel de los dispendios de Obama? De momento, hasta junio. Después, ya se verá.