Sangre periférica para el BCE

A finales del mes de octubre, el italiano Mario Draghi, uno de los banqueros centrales más respetados de Europa, tomará previsiblemente posesión de su asiento al frente del Banco Central Europeo (BCE). Dicen que, tras el espaldarazo que acaban de darle Sarkozy y Berlusconi este martes en Roma, sólo falta el visto bueno de la canciller alemana, Angela Merkel, quien se quedó sin candidato propio cuando hace dos meses, de forma sorprendente, su candidato, Axel Weber, del Bundesbank, dio la espantada y dimitió de sus cargos, cerrándose con ello la puerta al banco emisor europeo.

Draghi será el tercer presidente del BCE en su corta historia, tras el primero, el holandés Wim Duisenberg, y el segundo, el francés Jean-Claude Trichet, actual titular del puesto. Trichet cumple los ocho años de mandato reglamentario a finales de octubre. Casi veinte años después del nacimiento de la Europa del euro, lo que no estaba escrito es que en ningún momento el banco central de la Eurozona va a estar gobernado por un alemán, algo que parecía consustancial a la misma existencia de la zona euro. Es más, si se confirma la designación de Dragi, veremos a un BCE gobernado por dos europeos de la “zona maldita”, de la periferia, un italiano en la presidencia del BCE y un portugués en la vicepresidencia, lo que parecía ser un obstáculo adicional en el ascenso de Draghi hacia la primera plaza de la entidad.

La elección de Draghi, que se producirá en el Consejo Europeo de junio, no deja de resultar sorprendente, aunque por una vez parece que las valías personales se superponen a los intereses de países. Italia no es un dechado de virtudes en materia de inflación ni de control del gasto público. Es un país perteneciente al arco mediterráneo de la Unión Europea, en el que está enrolada junto a Grecia y España, además de Portugal y, aunque algo alejada en el aspecto geográfico, a Irlanda. Somos los parientes pobres de la Unión Europea, con mala imagen y escasa reputación. La cultura económica dominante tiene escasas sintonías con la centro europea, aunque no siempre estos esquemas tan simplistas han tenido su correspondencia con la realidad y con las frías cifras que aportan los indicadores económicos.

El espaldarazo final a Draghi ha llegado este martes de la mano del presidente francés, Nicolás Sarkozy, quien ha logrado durante su visita a Roma que Berlusconi renuncie a la plaza de consejero del BCE (miembro del Consejo de Gobierno de la entidad) que ahora ocupa un italiano (Lorenzo Bini) para dejar el camino libre a un consejero francés, que perderá un sillón con la marcha de Trichet a la jubilación. El acuerdo franco italiano no es ley en la Unión Europea, en donde sólo parecen servir las alianzas y los acuerdos que llevan la firma alemana como compañero imprescindible. Pero la Merkel se quedó sin candidato hace unos meses y todo lo que puede aportar es algún nombre de relumbrón político, o sea, poca cosa en lo que se refiere a historial y pedigree de banquero central.

No hay que olvidar que tanto Duisenberg en su día como Trichet luego y Draghi en el hipotético futuro han sido gobernadores de bancos centrales en sus respectivos países, con largos años de ejercicio en ese puesto. Por otro lado, la banca italiana ha demostrado en esta crisis estar gobernada por gente bastante más competente que la alemana, lo que dice bastante a favor del Banco de Italia, que gobierna Draghi. Su pasado en Goldman como directivo de primer nivel es otro punto a su favor, ya que no hay muchos aspirantes teóricos al cargo que puedan exhibir una trayectoria profesional tan variada y rica en experiencias, tanto dentro del sector público como en el privado.

Si los países díscolos y poco disciplinados de la zona euro (Italia, Grecia, España, Portugal, Irlanda) necesitan medicinas fuertes para curar sus desviacionismos, quizás nada mejor que poner al frente de las instituciones europeas de tipo económico a gente que les conoce mejor que nadie. Quizás sea una de las lecciones de esta crisis, que Angela Merkel se ha resistido a admitir pero que terminará por encontrarle sus virtudes.