Los españoles invierten fuera, los extranjeros se van

Las grandes empresas españolas triunfan en el exterior, en donde realizan ya la  mayor parte de sus inversiones, incluidas desde luego las inversiones en crecimiento. Por  contra, las grandes empresas multinacionales extranjeras que apostaron por España en los años 70 y posteriores se baten en retirada y abandonan el mercado español. Tanto  el primer  grupo como el segundo ofrecen cada día  ejemplos de su quehacer que resultan inquietantes. La resultante de todo ello es bien conocida: España va camino de los 5 millones de parados  a un ritmo que resulta tan real como alarmante. España ha dejado de ser un paraíso de la competitividad para las industrias de todo el mundo, como lo fue en los últimos treinta años, y el resultado de ello es un abandono  de empresas que en algunos sectores se está haciendo masivo.

Hace unos días, una de las noticias relajantes y optimistas del día venía a decir: Inditex acaba de abrir  una nueva tienda, esta vez en  Australia, con lo que la multinacional española ya está presente en los cinco continentes y en cerca de 80 países. La compañía textil española, un auténtico milagro empresarial obra de Amancio Ortega, un señor salido de la más modesta condición, invertirá unos 800 millones de euros en mejorar su expansión, sobre todo en el exterior, con la apertura de más de 460 tiendas, parte de ellas en Latinoamérica y en Asia, sobre todo en China.

También estos días  se han conocido los nuevos planes de Gamesa, fabricante español líder en turbinas y equipos para producción de electricidad eólica, que va a duplicar e n los próximos meses sus plantas de fabricación de equipos en el exterior, con cinco nuevas factorías, mientras la veintena de fábricas y centros con que cuenta esta compañía en España languidecen por la debilidad del mercado y los problemas de tipo regulatorio que afectan a las energías renovables.

Casi  de forma simultánea, una de las cadenas de distribución de ordenadores más importantes de Europa, PC City, anunciaba el abandono de sus operaciones en España con el cierre de 34 tiendas y el envío a las listas de paro de más de 1.200 personas. En Cataluña, dos multinacionales del sector de fabricación de motocicletas han tirado la toalla en los últimos meses, la última de ellas  Yamaha, lo que deja al sector de la motocicleta en España en situación precaria, ya que las empresas proveedoras de  estos fabricantes (con un volumen de empleo de unas 20.000 personas) ocupan un espacio importante en la industria de motor.

Los dos fenómenos (expansión exterior de las empresas españolas y huida de las empresas extranjeras del mercado español)  no son desde  luego el resultado de un mismo estado de cosas ya que las empresas españolas están pisando el acelerador fuera del mercado doméstico porque aquí ya no tienen mucho más hueco para crecer, aunque en algunos casos se les podría hacer algo más grata la existencia.  En todo caso, es una situación positiva que de alguna forma redunda en beneficios para la economía española.

Pero el caso del abandono de las empresas extranjeras instaladas en España, sí que  merecería alguna reflexión porque refleja deficiencias crecientes de nuestro sistema económico en cuestiones tales como la presión fiscal, la situación del consumo privado, los costes  empresariales en sus diversas expresiones,  la conducta institucional frente a las empresas foráneas… Parece urgente una revisión a fondo de nuestro entramado económico para tratar de hacer más grata la estancia y permanencia, e incluso la atracción, de los inversores extranjeros en España, los que ya están y los  que podrían venir.

Que España ha dejado de ser un país atractivo para la inversión, a pesar de algunos espejismos esporádicos como los de Qatar y China realizando apuestas muy puntuales, parece reflejarse cada día en la actitud de muchas empresas que prefieren poner distancia con nuestro país y alejarse de la economía española.  Por mucho que los casos de Qatar y China nos alegren en ánimo, no se puede dejar de reconocer que el vervadero problema está en las empresas que se van y en las que no vienen con la fluidez con la que antes venían. Algo  habrá que hacer para  recuperar el atractivo inversor doméstico, una virtud que ni siquieran nos reconocen las empresas domésticas.