Más dinero en el calcetín, menos en Bolsa y muchas deudas

La denominada riqueza financiera de los españoles (diferencia entre lo que tienen las familias en productos financieros, fuera propiedades inmobiliarias y de otra naturaleza y lo que deben, es decir, créditos de todo tipo) se ha mantenido a la baja o en todo caso estable en estos últimos años. En los cuatro últimos, el valor de los activos financieros netos ha descendido en torno a un 20% y apenas alcanza los 815.000 millones de euros, cuando hace un lustro superaba el billón de euros. Es decir, los españoles tienen hoy, cuatro años después del inicio de la crisis económica, menos recursos financieros de los que echar mano para mantener su tren de vida, subsistir o gastarse unos euros en algún disfrute. Y, por supuesto, para atender a necesidades futuras.

La trayectoria de la riqueza de los españoles ha sido paralela a la deriva del presidente Zapatero, muy brillante en los primeros años, pero con caída en picado desde el año 2007, de forma que el patrimonio financiero que poseen hoy los españoles es prácticamente el mismo que tenían en el año 2004, cuando Zapatero hizo acto de presencia en Moncloa para dirigir nuestros destinos, aunque con una diferencia por desgracia importante, las deudas casi se han multiplicado por dos.

Las cifras, que acaba de ofrecer el Banco de España dentro de una serie que publica periódicamente y en la que se cuantifican los activos y los pasivos de las familias así como de otros agentes de la economía, muestran primero un claro estancamiento (en el año 2007 dejan de crecer) y después un declive de la riqueza personal de los españoles en los estos últimos años. Uno de los renglones más llamativos es el que refleja la deuda de los españoles, que aumentó con fuerza en los años anteriores a 2007 en la confianza de que habría oportunidades más que sobradas para devolverla.

Entre los años 2003 (504.300 millones de euros en pasivos de todo tipo, incluidos los préstamos a largo plazo, que han sido siempre el renglón más destacado habida cuenta de la contratación de hipotecas para adquirir piso o inmuebles) y el año 2008 (958.200 millones de euros en deuda total), el pasivo financiero casi se ha duplicado, con la particularidad de que en los tres últimos años la deuda total permanece estancada. La dificultad de los españoles para devolver sus créditos es, en términos globales, manifiesta. De momento el asunto es serio, porque está financiado con unos tipos de interés históricamente bajos. Pero el panorama está cambiando desde hace unos pocos meses, de forma que las finanzas familiares muestran una gran fragilidad y su elevada vulnerabilidad a los cambios de entorno económico. Las economías familiares sufrirían graves consecuencias si los tipos de interés suben con cierta intensidad, ya que la carga financiera puede llegar a ser insoportable.

En cuanto a los activos financieros, es decir, el patrimonio con el que los españoles pueden hacer frente a su futuro, incluidas sus deudas, ha experimentado en los últimos años algunos cambios significativos. Es, en conjunto, superior a las deudas, de ahí que el patrimonio neto de las familias, que es la diferencia entre activos y pasivos, sea positiva. Pero en los últimos años los españoles han visto cómo se estancaban sus patrimonios. De hecho, desde el máximo valor que alcanzaron los activos financieros en el año 2007 (1,9 billones de euros), este no ha dejado de disminuir. En los tres últimos años, el patrimonio de los españoles en términos brutos ha mostrado incluso una tendencia decreciente, con descenso del orden del 15% en apenas tres años.

Otro dato revelador del empeoramiento de las finanzas familiares en estos años es la alta predilección de los españoles por la liquidez en detrimento de la inversión. Hasta el año 2007, los españoles tenían más dinero invertido en acciones del que poseían en sus cuentas corrientes, depósitos y efectivo. La desconfianza hizo mella en los ciudadanos a partir del año 2007. Desde entonces, el dinero en efectivo no ha dejado de crecer a costa de la inversión en acciones. En la actualidad hay 860.000 millones en efectivo y depósitos por sólo 520.000 millones en acciones y participaciones. La gente cree poco en el riesgo. La seguridad en el manejo del patrimonio se ha convertido en un elemento esencial de la conducta de los ciudadanos y, a la postre, en un serio obstáculo para la financiación del conjunto de la economía, ya que el dinero en efectivo tiene menos implicación en la creación de riqueza colectiva que el dinero colocado e invertido en acciones.