La mala Educación

España es posiblemente el país europeo que más reformas educativas ha realizado en los últimos 30 años. Pero ser campeones de esta liga no nos ha conducido por el camino de la excelencia. De hecho, uno de los resultados que aparece estrechamente vinculado al tremendo aumento del paro, especialmente entre los jóvenes, tiene bastante que ver con la desgraciada y desacertada trayectoria de tanta reforma educativa como hemos aprobado en los últimos años. España sigue siendo un país con mala Educación, Educación con mayúscula, y el paro masivo es posiblemente una de sus consecuencias más indeseadas.

Aunque algo de todo esto ya barruntamos desde hace tiempo, una autoridad europea, la comisaria chipriota Vassiliou, responsable de las cuestiones de Educación (entre otras materias) en el colegio europeo de comisarios, nos acaba de recordar que España es uno de los países en los que la tasa de abandono escolar ha alcanzado cotas más elevadas y crecientes, nada menos que un 31,2% de la población escolarizada frente al 14,9% de media en Europa. Una parte de la culpa se la echan al sector de la construcción, que en los años dorados del crecimiento explosivo de esta actividad ofreció empleo asequible y atractivo a muchos jóvenes españoles, que cayeron en la tentación de sacarse un dinero rápido dejando de lado los libros. Ahora, cuando la crisis del ladrillo nos ha dejado en precario con unas cifras de paro espeluznantes precisamente en este sector, ha quedado al descubierto buena parte del problema.

La explicación puede ser válida, pero desde luego no es la explicación, ya que ni contempla el paro juvenil femenino (la construcción apenas ha atraído mano de obra femenina que haya abandonado sus estudios) ni tiene en cuenta el hecho de que hay varias generaciones de españoles que han trabajado y estudiado al mismo tiempo y no han perecido en el intento. Facilidades para ello las ha habido casi siempre y de modo especial en los últimos lustros, con clases en horarios adaptados a las personas con empleo y otras facilidades diversas, de las que no dispusieron los padres y abuelos de muchos de los actuales parados que han abandonado prematuramente el desempeño escolar.

La proliferación de reformas educativas, la ampliación de las facilidades para “pasar” curso sin haber aprobado más que un reducido número de asignaturas, nada de ello ha servido para mejorar la dedicación y la permanencia de los jóvenes en las tareas educativas. El principal instrumento de la educación de los hijos es el que parece haber fallado estrepitosamente: la exigencia de los padres y su responsabilidad a la hora de exigir esfuerzo y resultados en vez de complacientes facilidades para incrementar el tiempo de ocio a costa de la imprescindible formación. Esa frase que por repetida se ha llegado a convertir en todo un prototipo (“mi hijo/a no sirve para los estudios”) es todo un compendio de la complacencia y ausencia de esfuerzo con los que la juventud española ha sido enviada en estos últimos años al paro más descarnado, sin posibilidad de reorientación.

Junto al abandono escolar y la deficiente responsabilidad de las familias en el proceso educativo, la falta de adecuación entre lo que enseñan las escuelas y universidades y lo que exigen los empleadores (empresas, Administración Pública, autoempleo…) es el segundo gran pivote sobre el que se asienta la imparable subida del paro en momentos de crisis económica. En España conviven un selecto aunque reducido grupo de jóvenes muy bien formados y una masa excesivamente grande de personas con muy escasa formación. No han fallado básicamente las escuelas ni las Universidades sino un amplio segmento de la cultura familiar dominante que ha confundido tolerancia con irresponsabilidad. Hay en el extranjero miles de oportunidades para españoles bien formados, como se puede ver bien en las cifras de exportación de talentos jóvenes y en algunos populares programas de televisión, en los que abundan los reportajes dedicados a españoles que triunfan en el mundo.