La crisis de la CAM compromete al sector

El desenlace previsible y esperado  de la ruptura de Banco Base, proyecto de integración de cuatro cajas de ahorros,  ha generado una notable confusión en el sector financiero porque a estas alturas nadie parece tener una idea clara de la posible solución que se le pueda dar a una entidad financiera, la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM),  cuyo tamaño no es desdeñable (es la cuarta caja española y octava entidad financiera del país)  y que presenta un déficit de recursos financieros que algunos evalúan bastante por encima de los 3.000 millones de euros que ha estado manejando el sector en los últimos días.  Las necesidades de inyección de dinero podrían alcanzar, según algunas fuentes, los 6.000 millones de euros, en una entidad cuyos activos rondan los 70.000 millones de euros y que ha reconocido en su última actualización del estado de la cartera crediticia una tasa de morosidad del entorno del 9%.

La subasta a la que ha sido sometida la entidad en las últimas horas  para ver de adjudicarla a algún grupo solvente tendrá que resolverse con celeridad, ya que el desgaste público de imagen de una  entidad financiera resulta insoportable tanto para la entidad como para el sistema en su conjunto. No hay más que ver el castigo que está recibiendo la Bolsa española en los dos últimos días, reflejo de la desconfianza que existe en el mercado y entre los inversores ante la resolución de la crisis financiera española. Una desconfianza que afecta sobre todo a las grandes entidades financieras cotizadas, que son las que podrían recibir el encargo del Banco de España de asumir, en su totalidad o a  trozos, la pesada herencia que  dejaría esta entidad, cuyo destino difícilmente pasa por seguir en solitario, como ingenuamente defienden aún sus gestores.

El temor de los mercados en relación con la banca española en estos momentos (aparte el asunto de Portugal, en donde también está recibiendo el sector una buena dosis de castigo debido a la pérdida de valor de los activos portugueses en manos de la banca de nuestro país) es que el saneamiento del sector de las cajas de ahorros no se circunscriba únicamente a la CAM sino que tenga un abanico bastante más amplio de candidatos a la recepción de ayudas masivas o de la intervención mediante inyección de dinero público. Estas incertidumbres terminan por contagiar la imagen del propio Estado español y del compromiso de déficit público asumido frente a las autoridades comunitarias.

Hay varios proyectos de fusiones o integraciones de cajas de ahorros que suscitan entre los inversores serias dudas, ya que las autoridades y el propio Banco de España no han sido capaces de doblegar el poder de las autoridades autonómicas en algunas entidades, a las que han conducido a un callejón sin salida, proponiendo soluciones financieras y empresariales disparatadas y sin futuro. Sólo con abundante dinero público se podrían resolver  algunos de los problemas del sector. Y mientras  no se tenga una cuantificación más sensata y sobre todo más creíble  de lo que se necesita para dejar que el sector de las cajas de ahorros deje de ser un problema, el sector financiero español va a estar en una difícil posición. El espejo de ello son, por desgracia, sólo las entidades bancarias cotizadas, que son las que menos tienen que ver con el problema. Las cajas no cotizan y  por lo tanto no reflejan la imagen que de ellas tiene el mercado.

En todo caso, la solución a la crisis de la CAM, que debería ser rápida y lo menos costosa posible, además de creíble, puede abrir el paso para resolver los otros tres o cuatro problemas pendientes en el sector. No acelerar la solución de este grupo de  cajas podría tener un alto coste para el sistema y para el país.