Los límites del Fondo de Reserva

Las cuentas de la Seguridad Social están dando cada día que pasa menos motivos para el optimismo. Aunque el sistema sigue en  superávit,  el deterioro del empleo puede conducir a un futuro estado de déficit, que sólo se puede resolver de dos maneras, aumentando los ingresos o recortando los gastos. Los ingresos dependen de las cotizaciones sociales y  su volumen depende del nivel de cotizantes, que se está moviendo a la baja desde hace algún tiempo. Los gastos dependen de la población acogida a las prestaciones, que en principio mantiene su ritmo de crecimiento bastante continuado. Las prestaciones  económicas exigen al sistema  un desembolso anual que ya supera los 97.000 millones de euros anuales.

Esta semana, los responsables del ente público han dado a conocer los principales datos del Fondo de Reserva de las Pensiones, ese mecanismo de acumulación de excedentes de la Seguridad Social que tiene como finalidad hacer frente a futuras necesidades que no sean capaces de cubrir las cotizaciones sociales. En la actualidad, el Fondo de Reserva acumula 64.375 millones de euros (equivalente al 6,11% del PIB),  unos  3.700 millones más que al cierre del año 2009.  En el caso de que la Seguridad Social no  pudiera, en caso hipotético, pagar sus compromisos con los pensionistas, el sistema podría utilizar el dinero del Fondo, aunque como se puede ver por los números, los recursos actuales del  Fondo no alcanzan a  cubrir  más que unos ocho o nueve meses de las necesidades del sistema.

En los dos últimos años, las aportaciones del Estado al Fondo han sido muy modestas, de forma que hemos pasado de cifras  de aportación anuales del orden de los 6.000 a 7.000 euros a cifras simbólicas en los dos últimos años. En el ejercicio  2010 fue algo mejor que el año 2009, gracias a los rendimientos  de la cartera de inversiones.

¿Son seguras las inversiones del Fondo de Reserva?  El detalle de los activos en los que el Fondo ha invertido en el pasado reciente no es muy tranquilizador, ya que nada menos que el 88% del dinero  está colocado en deuda pública española, que no es  el tipo de inversión que haya ido mejor el año pasado.  Este elevadísimo grado de concentración  de las inversiones del Fondo no ha sido previsto como problema posible cuando se creó el Fondo, ya que por entonces se establecieron solamente dos limitaciones legales, una de concentración máxima de la cartera en una misma referencia de activos financieros, límite fijado en el 15%, y otra que atañe  al límite de inversiones en el volumen de deuda emitida por el Tesoro, que es del 11% del total de la deuda en circulación.

 

Se han utilizado interpretaciones un tanto laxas de estas dos limitaciones que el propio Fondo se ha impuesto a sí mismo, ya que considerar que el  límite del 15% alude a una “referencia” de deuda pública y no, como sería lógico (aunque el límite fuera superior) a un país o emisor, constituye una forma de dotar de  libertad bastante amplia para que los  gestores del Fondo asuman riesgos de grado de concentración no recomendables. La segunda cuestión, que el Fondo no pueda tener más  del 11% de la deuda emitida por el Tesoro, habrá podido cumplirse hasta el momento dada la creciente dimensión de la deuda en circulación. Pero si esta baja y el Fondo sigue mejorando su patrimonio, puede estar  bastante próximo el momento en el que este mecanismo de ahorro incumpla la condición de ser agente principal  en la financiación del  Estado.

Sería deseable que el Fondo de Reserva afrontara una política de inversiones más diversificadas, ya que el 88% de concentración en un solo emisor, aparte de que posiblemente incumple la ley, es un riesgo considerable si el emisor en cuestión entra en dificultades agudas de liquidez  o de solvencia.