Portugal, un vecino en apuros

La calificación crediticia de Portugal, tras el anuncio realizado este martes por la agencia Standard & Poor’s, se ha quedado a un paso del bono basura y su prima de riesgo está en torno a los 500 puntos básicos. La de España ha retrocedido en las últimas semanas hasta situarse por debajo de los 200 puntos. Riesgo de contagio parece que no existe, pero es difícil que España se ponga a mirar para otro lado cuando nuestro vecino peninsular atraviesa por tan serias dificultades. Desde hace algún tiempo, en torno a dos meses, los inversores están marcando distancias entre España y el trío de países periféricos integrado por Grecia, Irlanda y Portugal. En estos tres países es en donde residen los principales problemas de ayuda exterior, a la que de momento se resiste Portugal porque sus dirigentes creen que pueden resolver por sí solos el problema de insuficiencia de recursos económicos. Son, posiblemente, los únicos que lo piensan.

Las estimaciones de los analistas internacionales aseguran que Portugal tiene dinero para hacer frente al pago de su deuda en el mes de abril, pero que a mayo no llega. Es una fecha importante porque hay elecciones generales a la vuelta de la esquina y la pirueta que han protagonizado los partidos políticos portugueses rechazando el plan del primer ministro Sócrates para forzar su dimisión y la convocatoria de elecciones anticipadas no está claro que haya sido una buena idea, máxime si las arcas públicas del vecino país están como dicen que están, en decir, con más telarañas que euros.

Para mayor abundamiento, el banco central portugués acaba de emitir unos pronósticos sobre la evolución de la economía que ponen de relieve cómo Portugal vive una recesión pura y dura, con un creciente nivel de deuda que ya ronda el 90% del PIB y un elevado déficit fiscal. Este panorama obliga a ser bastante pesimista sobre el futuro inmediato que aguarda a la economía portuguesa. Es bastante probable que a nosotros nos toque no sólo la parte correspondiente derivada de nuestra condición de socio europeo sino algo más por motivos fáciles de explicar, ya que la proximidad geográfica ha ido creando lazos económicos muy estrechos con nuestros vecinos. Las empresas españolas con negocios en Portugal son muchas e importantes. Y los bancos españoles, básicamente los dos grandes, y en especial el Santander, así como algunas aseguradoras, tienen en sus balances importantes activos portugueses, cuya pérdida de valor va a suponer un cierto quebranto.

Estamos, los españoles, en una especie de división europea intermedia, recién creada, que sólo la integra un país, España, ubicado entre los periféricos citados y los países de la zona euro del resto de Europa, quizás con cierta proximidad a Italia o a Bélgica, que de siempre han sido los países más retrasados en la Unión Europea en versión anterior a las sucesivas ampliaciones que se tradujeron en la incorporación de varios países de menor nivel económico, más baja renta, menor disciplina financiera,… Con la ampliación a 27 países, en la Eurozona está claro que hay más economías con perfiles poco favorables, incluso peores que la española. Pero España tiene una serie de rasgos distintivos, como un sector financiero potente que tiene puestos los pies en media Europa. Desde luego en Portugal, pero también en Gran Bretaña, en Alemania y más recientemente en Polonia, en donde el Santander acaba de adquirir el control del tercer banco de este país en una operación que se ha cerrado este mismo martes.

La factura portuguesa añade, en suma, cierta zozobra a la economía española en general y al sector financiero en particular. Son, desde luego, riesgos asumibles, pero que se añaden a los que ya está soportando el país en otros frentes. De ahí el interés del Gobierno español para que los mecanismos de rescate y apoyo de la zona euro funcionen lo antes posible y lo mejor posible, aunque para ello Portugal tendría que estar en condiciones de asumir con algo más de realismo la gravedad de sus problemas.