El galimatías de las cajas

El galimatías que se está montando en estos últimos días en el mundo de las cajas de ahorros, cuando restan pocas jornadas para que las entidades pongan sus proyectos definitivos sobre la mesa en el Banco de España, invita a pensar en la endeblez con la que se han estado haciendo algunas de las fusiones, “frías” o calientes, que han sembrado el mapa del sector en las últimas semanas. El Banco de España, que debería ser el arquitecto principal de esta magna operación, parece estar desbordado por las circunstancias y no es capaz de sujetar las pasiones e intereses que se juegan en las diversas operaciones.

Algunas de ellas carecen, como resulta fácil comprobar al ver algunas fusiones de estricto ámbito regional (quizás uno de los mayores disparates que se están viendo en este proceso de consolidación), del más mínimo sentido empresarial y financiero, lo que va a redundar en perjuicio de quien precisamente quiere sacar tajada en estas operaciones, es decir, las autoridades regionales, que por su afán de controlar entidades financieras con recursos muy golosos, van a terminar por hacer inservibles unos instrumentos de financiación como al fin y al cabo – parece haberse olvidado – son las cajas de ahorro.

En las últimas horas se han producido algunos movimientos que apuntan, de todas formas, hacia el final del proceso. Uno de ellos ha sido el acuerdo entre las tres cajas vascas (por fin) para crear un nuevo banco junto con la caja de Córdoba, previamente adquirida por la BBK, la caja mayor del trío vasco, con sede en Bilbao. Esta fusión de ámbito regional llega con mucho retraso. De haberse hecho en su momento, para lo cual bastaba un buen entendimiento entre socialistas y nacionalistas del PNV, la caja resultante, posiblemente liderada por BBK, habría sido en este proceso de consolidación a escala española uno de los protagonistas esenciales. Ahora parece relegada a llevar a cabo la fusión de la stress cajas provinciales vascas, creando una unidad más potente pero con escasa presencia en el resto de España, lo que condiciona mucho su éxito futuro.

Otro de los movimientos – o amago – que se está produciendo en las últimas horas es la ruptura del Banco Base, en donde los intereses de Caja Asturias y de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) chocan abiertamente, lo que conducirá a una ruptura cuando menos de las condiciones del pacto inicial. La situación de la CAM parece más desastrosa de lo que se había confesado, su grado de morosidad ha subido de manera escandalosa en el último trimestre y las necesidades de recursos propios están bastante por encima de lo que se estimaba. En consecuencia, los tres compañeros de viaje de esta caja en la fusión que debía dar paso al Banco Base (las cajas de Asturias, Cantabria y Extremadura) quieren salir por piernas. Lo de la CAM es posiblemente una insolvencia financiera en toda regla, que debería haber sido diagnosticada hace bastantes meses, para evitar la pantomima de una fusión entre “iguales”, que ha estado protagonizando la entidad levantina con la asturiana y sus otros dos compañeros de viaje.

Todo parece indicar que el mapa definitivo del sector va a cerrarse en los últimos momentos y que su configuración final está aún sujeta a muchas maniobras de última hora, ya que hay muchas entidades hablando con otras muchas. Banca Cívica, por ejemplo (la fusión “fría” que lidera Caja Navarra) podría llegar a acuerdos con Unnim, una de las fusiones catalanas (integrada por las cajas de Sabadell, Terrassa y Menuleu) que ha quedado demasiado escorada en un rincón de la geografía española, por lo tanto con dificultades de proyección exterior. Esta última operación ha sido, no obstante, desmentida por la entidad catalana. Pero Banca Cívica posiblemente busque con denuedo alguna operación de crecimiento para ahuyentar el riesgo de caer en la órbita de su poderoso vecino, la futura gran caja vasca, que si hasta ahora no era un riesgo inminente debido a la dispersión de las cajas del territorio vasco, ahora ya forman un proyecto único, con lógicas aspiraciones expansivas. Y no es ningún secreto que el País Vasco siempre ha soñado con incorporar a Navarra como territorio propio o asimilado, para enfado de muchos navarros.

No se entiende muy bien qué van a hacer las dos cajas gallegas formando una sola entidad, carente de sentido empresarial, con duplicidades múltiples y muy poco capital. Eso sí, muy gallega. ¿De qué le servirá? Está también la operación, algo más racional, de Unicaja (que debería haber sido una de las cajas “motoras” del proceso de consolidación) con las dos cajas castellano leonesas, por fin un proyecto que de momento parece interpartidario (en las Autonomías respectivas gobiernan partidos diferentes, aunque en la andaluza quizás cambie el color de aquí al verano) y suprarregional, lo que le permitirá ambiciones financieras y empresariales con mayor amplitud de miras. En fin, operaciones hay varias más que se vislumbran porque hay muchas entidades que a solas valen poco y unidas arreglan un poco sus problemas, lo que sugiere la necesidad de agrupación y consolidación, proceso en el que el Banco de España o no ha tenido las ideas claras, o no ha contado con poder y respaldo suficiente para ejercer su autoridad o ha incurrido en errores de bulto por una mal entendida contemporización política con algunos Gobiernos autonómicos.