El segundo tropiezo de Ruiz-Mateos

Los grandes empresarios, a veces, tropiezan varias veces. Muchos de ellos  se levantan y vuelven a edificar sus imperios, otros desaparecen  de forma definitiva de la geografía económica. José María Ruiz-Mateos pertenece en principio al primer  grupo de personas y  su historia aún no ha escrito su final, pero sus dificultades económicas le han puesto estos días  en una difícil situación.

Desde luego, hay que hacer notar las grandes diferencias que tiene la actual Nueva Rumasa con la Rumasa a secas de los años 70 y 80: en aquella había un amplio elenco de entidades financieras que el empresario jerezano había ido coleccionando para facilitar la financiación de sus empresas, lo que significa que en la época el empresario manejaba importantes recursos de terceros,  ya que la compleja e importante estructura financiera con la que se equipó Ruiz-Mateos estaba en buena medida al servicio preferente de sus empresas, con unos niveles de concentración de riesgo que llegaron a hacer temer por la estabilidad del amplio grupo empresarial que lideraba.  Este riesgo, bastante real, alarmó a las autoridades, que encontraron motivos suficientes para intervenir el grupo,  en una decisión histórica muy discutida a la que los tribunales de Justicia han dado una respuesta por lo general desfavorable a los intereses del Estado.

Lo cierto es que la Rumasa que fue expropiada hace ahora (el día 23 de febrero) 28 años, inspirada  serias preocupaciones a las autoridades pero también a los medios económicos, que veían en el colega Ruiz  Mateos un profesional  de alto riesgo por sus aventuras empresariales. Cuando el Gobierno González tomó cartas en el asunto, muchos empresarios respiraron con alivio y no sólo por el hecho de que se hubiera puesto fuera de circulación a un competidor sino porque Ruiz Mateos siempre fue un elemento díscolo y muy particular en el engranaje económico y empresarial del país.

Ahora, el grupo Nueva Rumasa, prolífico de nuevo  en su multiplicada presencia empresarial, carece de recursos de terceros (no tiene bancos, lo que puede servir de tranquilidad para las autoridades, vistos los tiempos que corren)  salvo una emisión de pagarés, realizada   extra muros del sistema  regulado por la CNMV.

La emisión de pagarés, reiteradamente descrita con las autoridades reguladoras como anómala y no sujeta a intervención oficial, no ha tenido apenas profundidad en el mercado, ya que apenas ha recaudado unos 140 millones de euros, dinero en principio bastante fragmentado y que podría tener detrás a unos 5.000 titulares, que en principio no han perdido su dinero ni tampoco las esperanzas de recuperarlo. Es de esperar que lo recuperen finalmente, aunque hay que destacar el alto riesgo que corren inversiones de este tipo, en la que varios miles de españoles han vuelto a morder el  anzuelo, como ya sucediera en casos anteriores numerosas veces, entre ellos Fórum Filatélico o Afinsa.