Oriente Medio, el petróleo y la inflación

La inestabilidad en los países árabes, con una situación que podría desembocar en una especie de dominó en el que el contagio se vaya transmitiendo de pieza en pieza hasta afectar a los países considerados como más moderados y afines a Occidente (Arabia, los Emiratos, Marruecos,…), abre estos días una fase de inquietud política que se está empezando a trasladar a la economía, con una ramificación especial en la tasa de inflación.

La señal más visible de ello es el precio del petróleo, que ya venía de atrás experimentando presiones alcistas debido a la fortaleza de la demanda, procedente del mundo emergente sobre todo. El crudo está ya en el entorno de los 100 dólares por barril, lejos desde luego de sus máximos pero reflejando una subida en el último año que está incidiendo de forma acusada sobre los niveles de inflación. La Unión Europea no ha podido cumplir su objetivo del 2% el pasado año, ya que cerró en el 2,2%, mientras en enero el nivel de precios ha subido un poco más, hasta el 2,4%.

En el caso de España, la situación es peor por un doble motivo. Primero, porque la tasa de inflación en enero se ha incrementado hasta la cota del 3,3%. Y, en segundo término, porque en el caso español la inflación en alza coincide con una economía deprimida, cuyo PIB todavía ha registrado un descenso del 0,2% el pasado año, según las estimaciones más recientes, dadas a conocer este mismo lunes por el Ministerio de Economía. En el conjunto del año 2010, la inflación fue del 3%. La escalada de precios en nuestro caso no responde desde luego a una presión de la demanda, que se encuentra aún muy deprimida, sino a factores tan ajenos a una dinámica de economía de mercado como las tarifas reguladas o a motivaciones externas, derivadas del mayor precio de las materias primas.

En suma, vivimos en una economía paralizada con una inflación en fase de aceleración, lo que hace aún más dramático y complicado el estado de las economías familiares, ya que ni las rentas están progresando ni el empleo aporta un respiro a la mayoría de las familias. Por si esto fuera poco, los costes hipotecarios se están incrementando en paralelo a la subida de los tipos de interés, aunque por el momento, y por fortuna, la intensidad de los aumentos de los tipos hipotecarios es modesta. Sólo faltaría que el Banco Central Europeo (BCE) tomase la decisión de subir los tipos de interés oficiales para endurecer aún más la perspectiva económica española.

Las subidas de tipos de interés en Europa no son una hipótesis tan lejana como se podría pensar. Los máximos responsables del BCE no dejan de insistir desde hace unas semanas en los riesgos de inflación y en el consiguiente endurecimiento de la política monetaria para frenar las tendencias inflacionistas. Una decisión de este tipo tendría cierta lógica en lo que atañe a las economías europeas que ya han salido de la crisis, como Alemania, y que viven tensiones inflacionistas derivadas no sólo de los precios de las materias primas sino de la propia dinámica de su demanda interna, que está en fase de resurgimiento.

En el caso español será un arma de doble efecto negativo, ya que ni servirá previsiblemente para doblegar las tensiones inflacionistas y, encima, pondrá dificultades adicionales a la recuperación de la actividad económica, que a diferencia de lo que sucede en el resto de Europa está muy lejos de levantar el vuelo. Así las cosas, la crisis de Oriente Medio no es una buena noticia para la economía española y no nos ayudará a salir antes de la crisis.