El escaparate financiero

Nada más conocerse los principales rasgos de la reforma financiera que anunció el vicepresidenta Salgado este lunes, los mercados – que existen y opinan, como ya hemos podido comprobar fehacientemente en los últimos tres años – han empezado a tomar posición. Pero, por desgracia, se trata de una valoración incompleta. La toma de posición se ha reflejado inmediatamente en las cotizaciones bursátiles. Los bancos, algunos bancos, en todo caso los más importantes, cotizan en los mercados bursátiles, de modo que estos han podido reaccionar de inmediato graduando durante este martes la respuesta a lo que prevén que pueda suceder en los próximos meses.

En consecuencia, las cotizaciones bancarias han mostrado un abanico de reacciones que van desde el fuerte correctivo (más del 5%) que ha sufrido Bankinter, en teoría el banco que debería realizar una mayor esfuerzo financiero para alcanzar el 8% de coeficiente de capital, hasta el Popular, el que en teoría se presenta como el más sólido de los bancos españoles cotizados, dado su mayor nivel de recursos propios. Cerca de su posición se ha situado el Sabadell. Y los dos grandes, con una pérdida cada uno del orden del 3%, se han quedado a mitad de camino entre el primero y los segundos. Esa es, sucintamente, la respuesta de los inversores en su valoración de las cinco entidades financieras que forman parte del Ibex 35. Esta respuesta tiene en cuenta, como es de esperar, los beneficios potenciales que habrán de presentar los bancos en los próximos dos o tres años, obligados a destinar más porción de su beneficio al capital y las reservas, es decir, menor proporción a repartir dividendos entre los accionistas, cuestión que se supone debería incidir en la cotización.

En el caso de las cajas de ahorros, este ejercicio es sencillamente imposible, ya que al no cotizar en Bolsa no puede saberse qué valoración hacen los inversores de cada una de las entidades. No es de extrañar que la mañana de este martes haya sido prolífica en notas o filtraciones a los medios de difusión para hacer llegar los datos de capital propio de algunas entidades. Las más solícitas en comunicar sus cifras han sido las cajas que tienen más del 10% de capital sobre balance, es decir, aquellas que no deberán realizar esfuerzo alguno más que el habitual, que no es poco, ya que la gestión del activo inmobiliario es una exigencia que todas las cajas se han visto obligadas a afrontar, al igual que los bancos.

Por lo dicho en estas últimas horas, hay grandes diferencias entre las cajas en lo tocante a nivel de capital. Así como en los bancos han ciertas diferencias pero por lo general casi todos están por encima del 8%, en las cajas de ahorros el panorama es bastante distinto. Además, algunas de las flamantes fusiones “frías” realizadas en los últimos meses presentan deficiencias de diversa índole en lo que se refiere a ese porcentaje del 8% que será, en principio, de obligado cumplimiento. Las autoridades han dicho, aunque no lo han explicitado, que a algunas cajas se les va a exigir un coeficiente de capital superior.

Este hecho viene a significar que las fusiones mencionadas no se han hecho con la cabeza sino con otros criterios, desde luego muy discutibles. En teoría, las fusiones deberían realizarse entre entidades fuertes y otras que no lo son. Incluso, por cuestiones de tamaño, entre entidades fuertes. Pero lo que no estaba escrito es que una serie de cajas débiles se unieran para dar paso al nacimiento de una entidad más sólida. Por desgracia, en el sector financiero, la suma de dos o tres entidades débiles no da como resultado una entidad fuerte, sino una más débil, porque el problema de las dos o tres se junta y se hace más grande.

Y en esa tesitura parecen encontrarse en estos momentos algunas de las fusiones llevadas a cabo en los últimos meses, incluidas aquellas de ámbito regional que han rechazado mezclarse con entidades de otros territorios. Es decir, algunas de las fusiones están prácticamente ante la ineludible necesidad de empezar de nuevo y, como primera tarea, buscar un socio más fuerte o recursos públicos, asunto este último que conduce a la nacionalización. Cajas fuertes, capaces de dirigir el proceso de concentración del sector, no existen en España, al menos con el tamaño suficiente como para afrontar el reto de gestionar una operación de envergadura. Algunas cajas son muy sólidas y están muy capitalizadas. Son las menos pero, sobre todo, son de tamaño insuficiente como para afrontar una tarea de dirección de alguna fusión de alcance significativo.

Quedan, en todo caso, los bancos. El proceso abierto en el sector financiero, que supondrá un importante cambio en el mundo de las cajas de ahorros, puede abrir alguna puerta a las fusiones entre bancos y cajas o a la toma de participación de las segundas por los primeros. De aquí a septiembre podremos ver muchas cosas todavía en el sector financiero.