El llanto por las cajas de ahorros

El asunto de las cajas de ahorros parece más atascado que nunca. Desde que las autoridades económicas y monetarias, y al final hasta las políticas, llegaron a la conclusión de que una gran parte de la desconfianza existente en los mercados hacia España residía en el polvorín financiero que esconden – a juicio de muchos analistas- las cajas de ahorros españolas, los palos de ciego se han multiplicado, ante el desconcierto de los analistas internacionales y del propio sector, que en los últimos días empieza ya a mostrar claros signos de rebeldía ante algunos de los planes expuestos para solucionar el problema.

Un problema que radica básicamente en la necesidad de inyectar capital a las entidades (nadie sabría decir con cierta aproximación cuánto) y en encontrar a los agentes económicos dispuestos a poner ese dinero en unas entidades que tienen una indudable dificultad añadida, su carácter mutual, es decir, la carencia de accionistas y de capitales que puedan ser negociados (comprados y vendidos) en los mercados.

Entre las cosas que estamos observando a diario y que constituyen una indudable perturbación está el papel que ha desempeñado en todo este asunto el Banco de España. No se comprende bien cómo han proliferado en las últimas fechas diversidad de informes en los que se da a conocer la cuantía de los quebrantos de los balances de las cajas de ahorros, con cifras que oscilan fuertemente entre unas estimaciones y otras y que, en cualquier caso, son susceptibles de crean cierta alarma financiera entre los clientes de las cajas y los potenciales inversores. Se echa en falta un rápido ejercicio de transparencia, tìmidamente iniciado este pasado viernes por la suma de las cajas de España y Duero (fusionadas hace escasas fechas), que han confesado un volumen de riesgo inmobiliario de poco más de 8.000 millones de euros con un grado de morosidad bastante elevado.

Pero ha sido este el único caso de explicación pública de las cifras. El Banco de España tiene que tener, por fuerza, muy buena información sobre las “tripas” de los balances de las cajas y podría haber realizado, por este motivo, una cierta explicación genérica, que se habría convertido rápidamente en fuente de autoridad y al mismo tiempo en una valiosa contribución didáctica. En ausencia de información detallada por parte de las entidades y sin pronunciamiento clarificador del regulador, es decir, del Banco de España, la imagen del sector de las cajas de ahorros está siendo innecesariamente vapuleada y sometida a todo tipo de juegos malabares contables, que nada bueno auguran para estas entidades, hasta hace poco epicentro de la admiración de los clientes bancarios y de los expertos del mundo financiero y ahora responsables – según se dice – del mal nombre y del descrédito de España en el contexto financiero internacional.

Escasa por no decir nula y hasta se podría considerar contraproducente la aportación que han realizado las autoridades autonómicas a este asunto, ya que algunas de ellas se han empeñado en buscar soluciones para las cajas de ahorros de su territorio al margen de consideraciones financieras y sólo con las miras puestas en conservar el poder en entidades a las que se encomienda la tarea de servir de dorado retiro a la clase política de la región. Por esta miopía han descarrilado algunas de las falsas soluciones realizadas hasta la fecha, cuyo fracaso exigirá, antes que después, nuevas inyecciones de recursos, naturalmente a costa del Tesoro Público, ya que difícilmente se va a encontrar capital privado para financiar algunos de los dislates que hemos podido contemplar en los últimos meses.

Para mayor desgracia, ni socialistas ni populares se encuentran en condiciones de quedar al margen de la crítica, ya que el reparto de torpezas se puede considerar generalizado, con la particularidad de que también permite enrolar a algunos partidos de implantación regional, conocidos como “nacionalistas”. No hay que ser muy avispado para sospechar que una parte de la desconfianza internacional hacia la solución del problema de las cajas en España radica presimente en la excesiva y del todo prescindible politización de un proceso de racionalización financiera en el que la única autoridad competente debería haber sido el Banco de España, con plenos poderes para este delicado y urgente asunto.