El final del túnel, en 2012

El presidente del Gobierno ha sido fiel a sus últimos pronósticos sobre la evolución de la crisis económica, una crisis que según dijo hace poco durará 5 años en el caso español. Incluso se ha permitido acortar un año ese plazo, quizás pensando más en sus preferencias y necesidades electorales que en la realidad previsible. Su informe económico anual presentado este martes señala, en efecto, que en el año 2012 la economía estará en condiciones de crecer por encima del 2%, lo que sólo a medias cabe considerar como una salida del túnel.

No es para tirar cohetes, ya que el crecimiento potencial de la economía española debe de estar claramente por encima y porque, a la postre, un 2%/2,5% de crecimiento será un ritmo que impedirá la creación de empleo en proporciones acordes con el volumen de la población económicamente activa y con la absorción del impresionante stock de paro acumulado en estos años. Y desde luego no va a permitir a España recuperar el desfase de renta por habitante que se ha acumulado durante estos últimos cuatro años de errores en la conducción de la economía.

No hay que olvidar que los ritmos de crecimiento a los que se ha referido Zapatero los ha alcanzado ya, y con creces, durante el pasado año Alemania, que logró un avance del 3,7%, según estimaciones provisionales que están por verificar pero que no se distanciarán mucho de lo señalado. España entró en la crisis económica prácticamente al mismo tiempo que los principales países europeos, pero va a salir, si se cumplen las mejores previsiones, dos años más tarde, incluso teniendo en cuenta que la ayuda que está recibiendo España en estos dos años, vía exportaciones gracias a la fuerte demanda de nuestros vecinos, está resultando decisiva para el mejor sostenimiento de la actividad doméstica y de sectores básicos de la economía española, como el turístico.

Lo poco novedoso que ha ofrecido el informe anual del presidente, en su cuarta edición, se refiere al compromiso de Zapatero con las reformas y con los plazos. Será necesario no demorar más la aplicación de las reformas precisas, lo que se traduce en que el primer semestre del año 2011 será el momento de las reformas pendientes, las que permitan a la economía mejorar sus credenciales en cuanto a sostenibilidad del modelo del sistema de pensiones, flexibilidad de las relaciones laborales y potenciación del sistema financiero. Eso, si se hace de verdad y los inversores foráneos y nacionales se lo creen, es lo que debería devolver la tranquilidad a los mercados de deuda, en los que España sigue recibiendo un duro castigo, aliviado este martes gracias a la intervención del BCE.

Otro aspecto relativamente novedoso de la intervención de Zapatero ha sido la reiteración del compromiso de cumplimiento de los déficits públicos este año y el próximo. Este año España debe apuntar a un déficit del 6% del PIB como paso intermedio para llegar al 3%, de la misma forma que en el año recién concluido parece que se ha logrado mejorar el objetivo del 9,3%, dejando el desequilibrio del sector público español por debajo de ese porcentaje del PIB. No se ha atrevido Zapatero a adelantar cifras, ya que la contabilidad oficial debe de estar trabajando a estas alturas a marchas forzadas para ofrecer cuanto antes un balance provisional que sirva para tranquilizar a los medios económicos.

Cuanto más tarden en aparecer esas cifras, peor lo va a tener España para lograr financiación en el exterior a tipos aceptables. Zapatero ha dado por supuesto que el sector público español ha cerrado el año 2010 con déficit inferior al 9,3% del PIB. Si esto llega a incumplirse, los efectos sobre la deuda y sobre los tipos de interés españoles podrían ser demoledores. Si, como parece, se va a mejorar la cifra, cuadrando las cuentas con números rojos inferiores o incluso muy inferiores al 9,3% citado, las expectativas de mejora de nuestra posición exterior y financiera serán muy favorables.