El cuarto informe de Zapatero

Para hoy está prevista la presentación del Informe Económico 2010 del presidente del Gobierno, cuarta edición de un documento que en estos años ha recorrido un itinerario peculiar en cuanto al lugar de presentación. Si el del año 2007, en plena euforia económica, fue presentado en la Bolsa de Madrid, el del año 2008 tuvo como escenario el Consejo Económico y Social, que un año después, en diciembre del año 2009, fue sustituido por la sede de la Presidencia del Gobierno, escenario que utiliza por segunda vez. Además, este año el informe se presenta con cierto retraso, ya iniciado el año siguiente, en vez de hacerlo en el mes de diciembre. Zapatero se ha rodeado en estos tres primeros años de empresarios y representantes sindicales y patronales, así como de expertos del mundo de la economía, para hacer balance del año que acaba y esbozar sus afanes del ejercicio siguiente.

La lectura de los tres informes precedentes resulta bastante ilustrativa de la escasa utilidad de este informe, en el que los autores se dejan llevar en ocasiones por el triunfalismo, esbozando objetivos que leídos un año después resultan bastante desenfocados y propugnando políticas que las circunstancias han obligado a marginar a la mayor brevedad posible por ilusorias o simplemente irrealizables. El acto de presentación pública, que ha querido convertirse en una especie de mitin dirigido sólo a empresarios y líderes sindicales, ha quedado en la práctica desprovisto de toda expectativa. Casi nadie espera que Zapatero anuncie hoy medidas importantes o que esté en condiciones de cumplir, vistos los precedentes de los años anteriores.

El informe del pasado año, por ejemplo, leído en la primera quince del mes de diciembre del ejercicio que finalizaba, resultó ser un canto a la recuperación económica y del empleo cuando a la vista estaban los tremendos resultados que ofrecía el año más duro de la actual crisis económica, con caída del PIB en un 3,7% y subida del paro hasta cotas históricas. Un año después, el PIB sigue cayendo, lógicamente a ritmo mucho más moderado e incluso cerca ya del tenue crecimiento de unos pocos decimales, pero el desempleo ha subido hasta cotas nuevamente histórica, con 4,5 millones de parados reales. Ni qué decir tiene que las medidas que el Gobierno Zapatero se vio obligado a tomar desde mediados del año 2010, presionado por los Gobiernos de nuestros socios europeos y por algunas instituciones internacionales, ni siquiera fueron esbozadas en la presentación de aquel informe.

Llegamos ahora a la cuarta edición de este acto en el que Zapatero tratará una vez más, ante la mirada curiosa o encrespada de algunos de sus distinguidos invitados, de hacer balance y, sobre todo, de explicar el rumbo que en materia económica piensa seguir el Gobierno en los próximos meses para mejorar nuestra situación económica.

Esta vez, la presentación del informe coincide, además, con dos circunstancias que hacen aún más difícil dotar de contenido al informe anual del presidente. Por un lado, y tras más de 30 horas de conversaciones, el Gobierno sigue sin alcanzar un acuerdo con los sindicatos para redactar por consenso una reforma del sistema de pensiones que sea al mismo tiempo válida para los sindicatos y susceptible de arreglar nuestros problemas de viabilidad y sostenibilidad futura de la Seguridad Social. Aspecto este último que los analistas independientes, nacionales y foráneos, estudiarán con toda minuciosidad para decir si España se encamina hacia un sistema público viable o impracticable, como sucede con el actual. Quizás Zapatero decidió retrasar la presentación de este informe para dar tiempo a las negociaciones y anunciar un acuerdo que, de momento, no existe.

La segunda circunstancia adversa es la inminencia de un eventual rescate de Portugal y el inmediato contagio que ello supondría para España, obligada entonces a acelerar un calendario de reformas mil veces prometido y enunciado pero aún atascado en el empecinamiento presidencial de sacar adelante reformas con el visto bueno de todos los afectados, lo que en el caso español es sencillamente inviable dada la posición maximalista que suelen abanderar los representantes de las organizaciones sindicales. Tarea, en suma, compleja la que le espera a Zapatero en esta su cuarta edición del informe económico anual, que parece predestinado a la misma falta de utilidad que sus tres predecesores.