Portugal, de exámenes

Esta semana se ventilará el caso de Portugal, es decir, si nuestro vecino entra a formar parte del grupo de países con plan de rescate o si sale adelante por sus propios medios.  Un exámen del mayor interés para España. En un intento desesperado por superar la crisis de confianza que atenaza a la deuda portuguesa, el Gobierno  luso ofreció datos muy  positivos y bastante prometedores sobre la evolución reciente de la economía portuguesa, que ha cerrado el año 2010 con un déficit inferior al previsto y un crecimiento del PIB en línea con  la media europea, datos todos ellos que  pueden ser considerados la envidia  de España si no fuera porque el punto de partida portugués es bastante peor que el español y su deuda histórica acumulada es bastante más cuantiosa en proporción  con su  economía.

Ello no nos libra del riesgo del efecto contagio, aunque en estos momentos hay  importantes fuerzas actuando a favor de una solución adecuada para Portugal que sea capaz  de minimizar los riesgos para el conjunto de la Eurozona. Dos portugueses de gran peso en la zona euro, como el presidente de la Comisión Europea, Barroso, y el actual vicepresidente del BCE, van a desempeñar un papel importante en este aspecto.

Aún así, los mercados creen que Portugal va a tener serias dificultades a la hora de superar el problema de liquidez al que se enfrentará en los próximos meses si las emisiones de deuda no responden a las necesidades del país. Es por eso por lo que  el coste al que fueron emitidos los últimos títulos de deuda esta primera semana de enero de 2011 ha sido casi el doble de lo que Portugal pagó por su emisión anterior. Naturalmente, con estos aumentos del coste financiero, el problema  de la deuda y del desequilibrio presupuestario se dispara al alza.

Ni qué decir tiene que  la crisis de solvencia de Portugal puede ser la antesala en la que se agrave  un poco más el problema español, que en este mes de enero afronta también algunas citas importantes en su programa de emisión de deuda.  La primera de ellas, el próximo jueves día 13, día en el que el Tesoro Público español sale al mercado con una demanda de títulos a 5 años de plazo. La subasta, la primera del año, será seguida por otra de Letras el día 18, por otra de Obligaciones a 10 años el día 20 y por una cuarta, el día 25, también de Letras.

Todos quieren acelerar la captación de dinero en este primer mes del año antes de que se puedan cerrar los mercados por una crisis de confianza. En enero se estima que los diferentes emisores, públicos y privados, lanzarán al mercado no menos de 100.000 millones de euros, de modo que el arranque del año se presenta cargado de test de confianza, que deberán mostrar el verdadero talante de los inversores hacia los diferentes protagonistas del mercado de emisiones.

Lo visto en estos primeros movimientos del año que acaba de comenzar pone de relieve que los inversores no sólo valoran  el grado de cumplimiento de los objetivos anunciados y comprometidos  por parte de los Estados que salen al mercado sino cuestiones más a medio y largo plazo, como la marcha de las reformas económicas y la valoración que hacen los diversos analistas de la sostenibilidad de las finanzas públicas de los Estados. Es importante también la forma en que la Unión Europea y sus órganos rectores afronten el problema de credibilidad al que se están enfrentando, uno tras otro, los socios más débiles de la zona euro.  Alemania ya ha insistido por enésima vez en la sinceridad y fortaleza de su compromiso con el euro, pero los mercados no lo consideran suficiente.  Estamos, por lo tanto, en un momento decisivo para la estabilidad del euro y para las finanzas públicas de varios países de la zona, entre ellos España. Si lo de Portugal  sale bien podremos respirar un poco más tranquilos en los próximos meses.