El modelo alemán

Mientras los líderes europeos buscan la fórmula para intensificar la gobernanza económica europea de forma que la Unión no sea un coro desafinado en el que cada uno interpreta la melodía a su aire, Francia parece haber encontrado la fórmula: copiar lisa y llanamente el ejemplo alemán. Así lo acaba de reconocer el propio presidente de la República, agobiado por la distancia que está poniendo de por medio Alemania con el resto de los socios comunitarios. No hay que olvidar que los alemanes habrán cerrado el año 2010 con un aumento del PIB del orden del 3,7%, según la mayoría de las estimaciones, aunque para 2011 esperan una rebaja y apenas crecerán algo más del 2%.

Ese 3,7% de Alemania es más del doble de lo que ha crecido Francia y mucho más de lo que firmará este año la economía española, si es que al final acaba con signo positivo, lo que es duda para la mayoría de los analistas. La hipótesis de un retroceso del 0,3% en el PIB español en el conjunto del año parece la más extendida. A estas alturas, Alemania habla de la crisis en pasado tras haberla dejado atrás pronto hará un año.

El éxito de la evolución económica alemana en esta salida de la tremenda crisis económica es en estos momentos tema de análisis en todos los centros de estudios económicos, que se afanan por indagar en los entresijos de este aparente milagro. Ya en los años 50 del siglo pasado, poco después de la II Guerra Mundial, que dejó a Alemania devastada por el conflicto, se habló del “milagro económico” del ministro Erhard. Lo que está sucediendo en estos últimos meses puede que no tenga tanto alcance, pero se le parece, aunque el famoso “milagro” de 1950 en adelante estuvo alimentado con la importante ayuda financiera de EE.UU., mientras que en la última crisis la influencia de la economía estadounidense ha sido más bien la contraria.

Lo bautizaron como tal “milagro” los ingleses allá por el año 1950, admirados de que un país en ruinas tardase apenas seis años en alcanzar su primer superávit comercial, resultado de un resurgir industrial espectacular que a la altura del año 1952 ya era la admiración del mundo. En casi toda la década de los años 60, Alemania convivió con una tasa de paro inferior al 1% tras haber recibido hasta 14 millones de inmigrantes a lo largo de esos años, mano de obra poco cualificada pero que se dedicó, bajo la batuta alemana, a fabricar los bienes industriales más sofisticados para consumo interno y para la exportación.

Entre los ingredientes básicos de aquel rápido resurgimiento económico hay dos que siempre se han destacado como principales: una política económica decididamente liberal, con muy escasa intervención del Estado, y una actuación protectora del Estado orientada a proteger a los sectores más débiles. Ese doble ingrediente permitió bautizar el fenómeno como “economía social de mercado“. La fiscalidad fue pieza fundamental en todo el proceso, ya que el Impuesto de Sociedades, sobre los beneficios de las empresas, y el que grava las nóminas (cotizaciones sociales) fueron graduados de forma que proporcionaran grandes incentivos a la creatividad empresarial y al empuje de la inversión y del empleo.

Esos elementos son los que quiere incorporar Francia a su modo de hacer económico, vista la contundencia de los resultados. Francia observa con decepción cómo la producción de coches en sus fábricas ha descendido a la mitad en unos pocos años mientras la de Alemania se mantiene estable. Alemania tiene más trabajadores produciendo que nunca en su historia, ya que ha superado la barrera de los 40 millones, lo que supone casi 200.000 más que un año atrás. España tiene menos de la mitad trabajando peor el paro aumentó en 176.000 personas el año pasado. En España hay 4,1 millones de personas inscritas en el paro frente a 3 millones en Alemania. Pero la tasa de paro en España está en el 20% y en Alemania ha bajado desde el 7,4% de la población activa el año 2009 hasta el 6,9% en la actualidad. En España se destruyeron unos 999.500 empleos en el año 2008 y unos 800.000 el año 2009, a los que se suman los 176.000 nuevos parados del ejercicio recién cerrado. En Alemania, en el año 2009 se destruyeron 45.000 empleos, su peor resultado en todo este periplo por la crisis económica.

Las diferencias saltan tan a la vista que es comprensible la envidia que Alemania despierta en sus socios europeos, empezando por Francia. Habrá que ver si el ejemplo cunde en el conjunto de la Unión y asistimos de verdad a un incremento sustancial de la coordinación económica en la zona euro, que falta le hace. Ya puso los cimientos para ello, una moneda común y un Banco Central Europeo con autoridad para el colectivo. Pero estos cimientos no han sido suficientes. Hay que completar la tarea.