Otro tropiezo, la inflación

El año 2010 ha sido bastante malo para la economía y, a juzgo con el decorado, ha tenido una compañía quizás inesperada pero no por ello menos perjudicial, la tasa de inflación, que se ha disparado hasta el 2,9%, según datos provisionales. Un dato que puede deformar un poco más las cifras de crecimiento real durante el pasado ejercicio y que es consecuencia de los intentos del Gobierno de recuperar terreno en la lucha contra el déficit público mediante recargos en los precios de algunos productos con buena capacidad recaudatoria gracias a su elevada fiscalidad. Es el caso del tabaco y de algunos combustibles.

O sea, el Gobierno ha cambiado impuestos por inflación, ha tratado de dar tranquilidad a los mercados demostrando la buena predisposición a la hora de corregir el déficit público pero descuidando el flanco de la inflación. Las dos cosas son malas, pero de momento la búsqueda de un déficit más moderado es lo que se impone, aún a costa de erosionar la capacidad adquisitiva de los salarios. Se modera un problema pero se abre un frente nuevo, ya que en los últimos años la tasa de inflación se estaba plegando a cotas más bajas, en torno al 2%, fruto de la estrategia monetaria del Banco Central Europeo (BCE). El repunte inflacionario llega, por otro lado, cuando el crecimiento de la economía se encuentra en sus niveles más bajos de los últimos años. Más inflación y menos crecimiento económico no suelen ir de la mano, pero en las presentes circunstancias económicas las cosas no son como dicen los libros. En todo caso, el dato de inflación es todavía provisional y hasta el 14 de enero no se conocerá con precisión lo sucedido con los precios en el conjunto del año 2010. El avance conocido este lunes no distará mucho con toda probabilidad del dato definitivo, ya que casi todos los meses el uno y el otro suelen coincidir.

La subida de diciembre posiblemente será secundada por la de enero, cuando repercuta la subida de las tarifas de la electricidad y la de algunos otros productos que van a castigar de forma especial el bolsillo de los ciudadanos a partir del primer mes del año.

Derivaciones negativas de una inflación en alza hay muchas. Una de ellas, la que afecta a la negociación colectiva del año entrante, cuando aún está por cerrar la del año pasado, objeto de serias discrepancias entre empresarios y sindicatos. Este 2,9% del año 2010, si se confirma, va a añadir más tensión aún a la negociación colectiva y a encrespar un poco más a los sindicatos, que ya de por sí transitan por rumbos de alta disconformidad con las políticas que en los últimos meses viene aplicando el Gobierno Zapatero.

Otro asunto que afectará de forma negativa a la gestión de la economía es la pérdida de argumentos por parte española a la hora de calibrar la posición de los tipos de interés. El BCE está guisando desde hace unos meses un eventual aumento de los tipos de interés para contrarrestar las tensiones inflacionistas, presionado en buena medida por el ala ortodoxa del Bundesbank. España era uno de los más firmes oponentes a esta hipotética subida de tipos de interés, con el argumento de que hay que darle más plazo a la economía para que reafirme su incipiente recuperación. Pero con una inflación rozando el 3%, muy por encima del objetivo a largo plazo del BCE (2%), está claro que España pierde argumentos para reclamar una continuidad en los bajos tipos de interés.